«Ya puede San Juan exclamar: ¡Preparad el camino del Señor!
En cuanto a mí, quiero publicar la magnificencia de tan gran día: El incorpóreo se encarna; el Verbo toma carne; el Invisible se deja ver de nuestros ojos, el Impalpable se deja tocar: el que no conoce el tiempo, toma principio en él; el Hijo de Dios se hace hijo del hombre.
Jesucristo fue ayer; es hoy, y será siempre.
Escandalícese el Judío; mófese el Griego, muévase la lengua del hereje su boca impura.
También, ellos creerán por fin en el Hijo de Dios, cuando le vean subir al cielo; y, si aún entonces se niegan hacerlo, creerán cuando baje del cielo para juzgarlos en su tribunal justiciero.»
Tomado del Discurso XXXVIII de San Gregorio de Nacianzo (329-390), apodado, El Teólogo.

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