Durante
el mes de marzo de 2002, un profesor de la escuela donde era
director, me trajo escrito el Mensaje 15. Lógicamente no entendían
su contenido. Me contó que era costumbre tomar nota de los mismos
por escrito, y si se dejaba alguna laguna, se acudía a la memoria de
los presentes.
Este
método no tan aconsejable, fue ocurrencia del párroco del lugar,
quien por entonces oficiaba secretamente ocupándose del caso.
Digo
secretamente, porque la Iglesia de Quilmes en estas cuestiones
místicas, nunca tomó partido por algo. Algo que comprendo, aunque
el método empleado de aislar el suceso como si se tratase de una
lepra, es lo que aún me repugna. Lógicamente, todo lo que se calla, no existe.
El
hecho es que dicho Mensaje 15, breve, elíptico y hermético llamó
la atención de los presentes. Se preguntaba tal profesor si por
acaso la toma del escrito de dicho mensaje no pecaría de errores.
Motivo por el cual, dado mi profesión, decidí analizarlo.
El
Mensaje hace referencia somera, sintética y lapidaria sobre la gran
tribulación, ya anunciada por otras manifestaciones marianas, y
algunos santos, como el Padre Pío. La Señora Claudia me confió en
qué consiste esta gran tribulación, cosa que por lo sucesos, no he
revelado a nadie, pues no poseo autoridad de ningún orden para
ello. Durante el análisis, si bien conocía algo sobre este tema,
traté de obviar ser más explícito buscando no dar una respuesta
abierta y afirmando que no existe en él errores de lógica o
sintaxis, sino tan solo el de un texto hermético, solo para
iniciados.
Fue el
comienzo, luego me acercaron los mensajes anteriores y desarrollé su
análisis, haciendo lo mismo con cada uno que se producía.
De
este modo se inició una crítica textual sobre los mismos, cosa que pienso no haya sucedido en otras manifestaciones de este tipo.
Simplemente
era mi deseo ver como se las ingeniarían los clérigos incrédulos a
los fenómenos místicos, para arrojar todo esto por tierra, cosa que
nadie pudo hacer. Tan solo unas ingenuas mujercitas, que se las dan de teólogas y pésimamente
asesoradas, sin ninguna base real, han realizado afirmaciones tan
absurdas, que pueden echarse por tierra en pocos segundos.
Con
esto no me propongo ejecutar un comentario final sobre los mismos,
tan solo abro la puerta a su meditación, y que la Gracia de Dios
acompañe al lector.

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