El primer paso dentro del Camino trazado para cada católico, es el camino de la purificación interior. Es lo que se enseña en los Mensajes de Nuestra Señora:
La confesión deben recibir. Ayunen. Limpien su alma. La oración debe ser lo más importante en la vida de ustedes. (Mens, 43)
Este es el inicio en este Camino de iluminación, y así lo enseña el cisterciense Guerrico de Igny (1070-1157) en su homilía del Cuarto domingo de Adviento:
«Si hay algo tortuoso y torcido en nuestra voluntad, es preciso en primer lugar que lo corrijamos y rectifiquemos según la regla de la voluntad divina. De lo contrario, parecerá que decimos como los impíos:
El camino del Señor no es recto. (Ex. 33,20)
»Pero inmediatamente la verdad indiscutible nos desmentirá y nos reprenderá la temible severidad:
¿Acaso son mis caminos los que no son rectos?; ¡no serán más bien los vuestros los que son depravados? (Ez. 18,25)
»Tú, pues, que te apresuras a preparar el camino del Señor, ten ante todo buena voluntad, porque en un alma maligna no entrará la sabiduría. (Sab.1,4)
»Cuando de este modo hayas enderezado los caminos tortuosos, ten en cuenta que no te es menos necesario nivelar los ásperos, es decir aplanar toda aspereza en tus costumbres, para convertirla en esa igualdad de ánimo necesaria a la vida de comunidad, no sea que aquel viajero lleno de mansedumbre y dulzura, molesto por las asperezas del camino, se aparte de él. ¿Y cómo no se apartará el que es manso y humilde de corazón, (Mat. 11,29) que no descansa sino en el manso y humilde (Is. 62,2) cuando es un sentimiento propio del hombre temer y huir de un carácter irascible e intratable?»
Todos los Caminos propuestos para la perfección del espíritu, se inician con la purificación. Quince veces aparece en los Mensajes de Nuestra Señora, el imperativo “limpien”. Obsérvese la importancia de este primer paso, luego siguen los restantes.
Siendo esto una purificación, alguno se preguntará como se entiende el hecho que lo llamemos un Camino de Luz. Así lo explaya Guerrico de Igny:
«Pero si has progresado en el camino del Señor hasta el punto de poseer una voluntad recta y suavidad de costumbres, mucho progresaste, sí, pero aún no has llegado al término, a no ser que la palabra de Dios sea la lámpara para tus pasos y luz en tus senderos. (Sal. 118,105)
En el camino por donde andaba —dice— me tendieron un lazo (Sal. 141,4).
Y hay caminos que al hombre parecen rectos, pero cuyo fin conduce a lo profundo del infierno (Prov. 16,25).
»En efecto, como dice Salomón:
El camino de los impíos es tenebroso, no saben dónde caerán (Prov. 4,19).
»Esto mismo afirma el Señor:
Quien anda en tinieblas, no sabe adonde va (Jn. 12,35).
»Por el contrario el precepto es una lámpara, la ley una luz y la corrección de la disciplina es el camino de la vida (Prov. 6,23).
El que se aparta de la corrección se equivoca (Prov. 10,17).
»Si deseas ser tenido por sabio, no te constituyas en tu propio instructor y guía en un camino por el que nunca anduviste; antes bien, inclinarás tu oído a los maestros, aceptarás sus correcciones y consejos, y te entregarás al estudio y a la lectura para no tener que arrepentirte más tarde diciendo:
¿Por qué detesté la disciplina y mi corazón no aceptó las correcciones, ni escuché la voz de los que me instruían, ni presté oído a mis maestros? A punto estuve de caer en toda desgracia en medio de la asamblea y de la comunidad (Prov. 5,12-14).
»Escucha a David confesar que la ciencia de la ley libera de los lazos:
Los pecadores me tendieron lazos, pero yo no me aparté de tus mandamientos.
»¿Cómo pudiste lograr esto?
Recibí tus testimonios por herencia (Sal. 118,110-111.) y me he deleitado en el camino de tus testimonios más que en todas las riquezas (Sal. 118,14).
Los pecadores me acechaban para perderme, pero pude escapar porque comprendí tus testimonios (Sal. 118,95).
La ley de Dios, dice también, está en el corazón del justo y por esto sus pasos no vacilarán (Sal. 36,31)
»Su hijo Salomón dijo a su vez:
El hipócrita engaña a su amigo, mas los justos se librarán gracias a la ciencia (Prov. 11,9 ).
»Ojalá este camino por el que debemos recibir la salvación y al Salvador, así como no es tenebroso por la ignorancia de la verdad, no sea tampoco resbaladizo por la inconstancia en las obras.»
Finaliza su homilía Guerico de Igny:
«Empero, cuando no puedes hacer otra cosa, camina cayendo y levantándote, mas clamando siempre a aquel a quien deseas seguir y alcanzar:
Afirma mis pasos en tus senderos para que no vacilen mis pies (Sal. 16,5 ).
»Y si hay en mí un camino de iniquidad, o sea, de fragilidad humana, condúceme por el camino eterno (Sal. 138,24 ) para que por ti, que eres camino y verdad, llegue a ti que eres la verdad y la vida eterna (Cfr. Jn. 14,6).»

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