La Luz inaccesible engendra la Luz accesible.
Te engendré (ἐξεγέννησά σε) desde el vientre (ἐκ γαστρός) antes del lucero (πρό ἑωσφόρου) entre resplandores sagrados, (εν ταῖς λαμπρότησιν τῶν ἁγίων). (Ps 109) 1
Hemos comenzado diciendo que nadie jamás vio a Dios (Jn 1,18). Si mora en la tiniebla divina, nadie puede tener de Él una visión de su supraesencia. Es lo que meditamos en la entrada anterior. Sin embargo, la Luz inaccesible es omnipotente y por este suprapoder se adaptó a la Humanidad y se hizo accesible, se hizo transparencia. Sabemos que está y que actúa, conocemos sus consecuencias, pero los sentidos no lo perciben.
En el Mensaje 77, se afirma que la Luz es transparente, vale decir, es Transparencia, es claridad, es diáfana (διαυγης=διαφανής).
La Luz es lo transparente, puesto que no posee tiniebla (σκοτια) alguna, pero en nuestro mundo de los sentidos, el término transparencia se aplica a los materiales que dejan pasar la luz.
Esta adaptación, esta cercanía, esta transparencia, se hará por medio de la kénosis que analizaremos en la entrada siguiente. Este término se origina del griego (κένωσις) con un sentido primario de vaciamiento o despojo. Es San Pablo quien lo presenta al decir que Jesucristo:
...se despojó (ekénosen εκενωσεν) a sí mismo tomando (λαβων) forma de esclavo. (Fil. 2,7)
El Pseudo Dionisio y los místicos medievales, deseaban llegar lo más alto posible de esa Luz inaccesible, y así Dionisio meditaba en su Mística Teología:
¡Ojalá podamos también nosotros penetrar en esta más que luminosa oscuridad! ¡Renunciemos a toda visión y conocimiento para ver y conocer lo invisible e incognoscible: a Aquel que está más allá de toda visión y conocimiento!
Porque ésta es la visión y conocimiento verdaderos: y por el hecho mismo de abandonar todo cuanto existe se celebra lo supraesencial en modo supraesencial (τόν ὑπερούσιον ὑπερουσίως). Así como los escultores esculpen las estatuas, quitando todo aquello que a modo de envoltura impide ver claramente la forma encubierta. Basta este simple despojo para que se manifieste la oculta y genuina belleza. 2
Dios Padre, Luz inaccesible, hizo posible esta genuina aspiración y se adaptó a sus creaturas, realizando este despojo de la divinidad para que en cierto modo se manifieste la oculta y genuina belleza.
Como meditamos, el Dios Padre mora en la tiniebla divina, como fuente de la divinidad (πηγή), fuente de toda vida, belleza, bien; y por esta fuente desea donarse a la naturaleza humana, hasta hacerse como ella.
En este paso, Dios de naturaleza divina apofática, debe dejarse generar por una mujer de naturaleza humana y de este modo “raptar” (λαβων) la condición de esclavo que tiene dicha naturaleza.
Dios Padre es una persona, como persona es cada ser humano que fue hecho a imagen y semejanza de Dios; pero se nos ha revelado que no es la única persona, sino que como Persona engendra otra Persona, su Hijo unigénito.
La Luz inaccesible se dona en otra Persona, entonces engendra a su Hijo único otorgándole su misma naturaleza.
La única manera de entender al Dios Padre, es por la bondad o ágape. Y es por ella que surge la donación.
De este modo la Transparencia es Jesucristo cuyo cuerpo deja ver la Luz que es el Padre que lo engendró, por esto dice el evangelista San Juan (14,7): Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre. Está Transparencia es plena, total, infinita, increada, única, pues es la misma única naturaleza divina.
Es todopoderosa puesto que su único y supuesto opuesto es la tiniebla, la cual nada pueden contra ella.
Pero Dios es un ser vivo, y la Transparencia es Persona. Por ello afirma el Mensaje 77: Es la Luz, la Transparencia, es Dios.
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Las tres personas divinas, están más allá de nuestros tontos conceptos; esto implica que afirmar que no están siempre de acuerdo y que para tomar una decisión cierran la puerta y discuten entre ellos, como lo dio a entender cierto apóstata, es la gran imbecilidad que solo puede surgir de una teología totalmente caduca.
Por la propiedad de fuente (πηγή), Dios Padre, no puede engendrarse a sí mismo, por tal motivo, quien toma mujer para engendrarse es su Hijo unigénito.
Por consiguiente, existe una persona que vio al Dios Padre. El que lo vio (εωρακε) y ver (ιδειν) indica percibir plenamente al ser, término que dio origen a la palabra idea; es el que estaba en el seno (ων εις τον κολπον) del Dios Padre, el único engendrado (ο μονογενης) (Cfr. Jn. 1,18).
Significa que el engendrado desde siempre entre resplandores sagrados (Ps. 109), es quien ha visto la supraesencia del Dios Padre engendrador.
El Credo de Nicea
Es lo que recitamos en el credo de Nicea:
[Creo] en un solo Señor, Jesucristo, (εἰς ἕνα Κύριον Ἰησοῦν Χριστόν),
el unigénito de Dios, (τόν υἱόν τοῦ Θεοῦ τόν Μονογενῆ),
nacido del Padre antes de todos los siglos, (τόν ἐκ τοῦ Πατρός γεννηθέντα πρό πάντων τῶν αἰώνων),
Luz de Luz, (Φῶς ἐκ Φωτός,)
Dios verdadero de Dios verdadero; (Θεόν ἀληθινόν ἐκ Θεοῦ ἀληθινοῦ,)
engendrado, no creado, (γεννηθέντα οὐ ποιηθέντα,)
consustancial con el Padre, (ὁμοούσιον τῷ Πατρί,)
por quien todo fue hecho; (δι' οὗ τά πάντα ἐγένετο).
Mirad a la luz eterna que se adaptó a vuestros ojos, de manera que el mismo que habita «una luz inaccesible»(1 Tim. 6,16) se tornara accesible a los ojos débiles y lagañosos. Descubrid la luz en una antorcha de arcilla, al sol en la nube, a Dios en el hombre, en la vasija de barro de vuestra carne, al esplendor de la gloria y fulgor de la luz eterna. (Cfr. Sab. 7,26.) 3
1 Se sigue siempre la numeración tradicional de los salmos.
2 Dionisio Areopagita. Teología Mística. Cap. II.
3 Guerrico de Igny. Sermón 12 sobre el día de epifanía.

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