Madre de la Humanidad
Durante los inicios hemos llamado estas manifestaciones marianas: La Virgen de Luján en Quilmes, pero el 12 de octubre de 2005, Nuestra Señora señaló su nueva advocación: Madre de la Humanidad.
En el Icono de la Virgen de la Humanidad, aparece la leyenda: “El sol naciente empezó a brillar”, ¿a qué sol naciente se refiere?
En el Génesis (1,3), antes de comenzar toda la creación, La Palabra, el Logos de Dios, irradia luz sobre el escenario de la creación, es la aurora original y primigenia de una creación malograda por la desobediencia del hombre. “El sol empezó a brillar”, en esta segunda aurora. Son los tiempos finales, estamos en la plenitud de los tiempos del plan de Dios, pléroma (oikonomian tou plhrwmatoV twn kairwn) lo llamará San Pablo (Efesios 1,10), donde el Cristo, Logos encarnado y glorioso, iniciará la Nueva Creación, recapitulando (anakefalaiwsasqai) todas la cosas creadas (Efesios 1,10) y atrayendo todo hacia Sí (Juan 12,32). Esta Nueva Creación, al igual que la primera, tiene un nuevo Adán, Jesucristo glorioso, el cual genera un hombre nuevo (kainon anqrwpon)(Efesios 2,15). En la primera creación era el hombre, quien llamó a su mujer Eva, “por ser ella la madre de todos los vivientes” (Gén.3,20), pero lamentablemente eran vivientes de la creación caída en la corrupción (Romanos 8.20-21).
Así como Adán es el que le da el nombre de Eva a la mujer por ser la madre de los vivientes (Génesis 3,20), así Jesucristo, el nuevo Adán o el Hombre Nuevo, constituye a su Madre al pie del nuevo árbol de la vida, como Madre de los nuevos vivientes en el Espíritu (Juan 19,27) en esta Nueva Creación.
Afirma el apóstol en su carta a Tito (3,5-6) “Él nos salvó, no por obras de justicia que hubiésemos hecho nosotros, sino según su misericordia, por medio del baño de regeneración y de renovación del Espíritu Santo, que derramó sobre nosotros con largueza por medio de Jesucristo nuestro Salvador.” Esta es la re-generación y renovación (paliggenesia kai nakainwsiV) traída por Jesucristo, en la que María es la Madre, como Camino que conduce hacia la renovación del género humano. Allí la Humanidad es ‘re-generada’ por la Nueva Madre de la Humanidad, la Nueva Eva, la Madre del Salvador, la Teotókos (QeotokoV), la Reina de la Iglesia, la Virgen Madre del Redentor. Negar el protagonismo de María en la Nueva Creación, es negar su maternidad de los nuevos vivientes por la fe, es poner en duda a Cristo como Nuevo Adán, pues éste queda aislado de su Eva re-generadora. Por consiguiente, poner en duda el gran ‘derrame mariano’ es poner en duda la re-generación de la mano de la Madre a quien el Padre elevó en alma y cuerpo glorioso.
En el Camino del hombre nuevo, María es siempre el atajo más corto. Ya los dice el Apocalipsis (12,1-2): ”Una gran señal apareció en el cielo: una Mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza; está encinta, y grita con los dolores del parto y con el tormento de dar a luz.” La Re-generadora, Madre de la Iglesia, grita con dolores de parto, de una Humanidad que no desea re-generarse hacia la Luz increada divina. Es por esto, que el icono de Ntra. Sra. de la Humanidad presenta su cara bañada en sangre y espera que los hombres se tomen de su mano, para desde su doloroso Corazón darlos a la Luz del Reino de Dios. Reiteramos que el Camino de la Madre de la Humanidad, es el más corto, son “nueve” los meses de la nueva gestación, de la re-generación, de la renovación en el Espíritu Santo. Nueve, es el símbolo de una gestación o re-generación normal, sin las patologías del alma.
Ampliamos con la enseñanza de los Santos Padres, que recogen las enseñanzas de los orígenes de la Iglesia.
San Justino martirizado durante el año 165, dice:
«La virgen Eva, concibiendo la palabra salida de la serpiente, dio a luz a la desobediencia y la muerte; y la virgen María al darle el ángel Gabriel la buena nueva, respondió: “Hágase en mi según tu palabra”. Por tanto, lo que Eva destruyó por su desobediencia, lo restaura la Nueva Eva por su obediencia.»
Notemos que San Justino hace hincapié en las dos Palabras como gestantes de la humanidad, la palabra de la serpiente que analógicamente deja encinta a la humanidad dentro del mal, y es llamada Eva por el hombre, pues pensó que era la madre de todos los vivientes. (Gén.3,20) Sin embargo, estos vivientes estaban muertos por el alejamiento de Dios que era el único que podía darles la vida divina. Mientras que por su parte, María concibe la Palabra, hijo engendrado por el Padre y es llamada por el Logos encarnado, Madre de toda la Humanidad.
Con ella la Humanidad, hija de Eva en la desobediencia y en la corrupción de la creación, recibe una nueva Madre por generación en el Espíritu y esta Nueva Madre, otorgada por Jesucristo, es la que lleva al desgraciado hijo de Eva, al árbol pleno de vida, la vida divina.
Afirma el Apóstol que Cristo es la Cabeza del Cuerpo Místico (Colosenses 1,18), y desde el momento que María es Madre de la Cabeza, del Principio y del Primogénito, Ella es Madre de todos los nuevos vivientes. Por la inhabitación de la Trinidad en todos los cristianos injertados en la Vid del Cuerpo de Cristo, todos adquieren la Luz de la Trinidad y viven para la gloria del Padre.
San Ireneo, muerto el año 202, nos dice: “Eva... por su desobediencia se hizo para sí y para el género humano causa de muerte, y María por su obediencia se hizo para sí y para el género humano causa de salud”. Esta es la salud de la divinización del hombre. Y continúa San Ireneo: “Por esta razón el mismo Señor se confiesa Hijo del hombre, y recapitula en sí mismo a aquel hombre primordial del que se hizo aquella forma de mujer: para que así como nuestra raza descendió a la muerte a causa de un hombre vencido, ascendamos del mismo modo a la vida gracias a un hombre vencedor.” (Del Tratado de San Ireneo, Obispo, contra las herejías - Libro 3, 20, 2-3: SCh 34, 342-344)
Es decir que desde la Cruz, el nuevo Adán, Jesucristo, como Logos encarnado, crea de su costado lacerado, la Nueva Eva para ser Madre de la Nueva Humanidad.
Por consiguiente María es la Madre de la divinización de la Humanidad caída en la corrupción de la muerte.
Y finalizamos con este cita del cántico de Sofronio de Jerusalén:
“¿Quién podrá describir tu esplendor?
¿Quién podrá contar tu misterio?
¿Quién será capaz de proclamar tu grandeza?
Tú has adornado la naturaleza humana.
tú has superado las legiones angélicas,
tú has superado a toda criatura,
Nosotros te aclamamos: Salve, llena de gracia.”

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