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El agotamiento mariano


Todas las cosas tienen un inicio, un desarrollo y un final. Lo mismo acontece con ciertas revelaciones místicas de estos últimos siglos. Me refiero a lo que ciertos burdos llaman el “aparicionismo”.
Es difícil precisar cuando el “aparicionismo” propiamente dicho en la mente de los burdos, se inició. Tal vez se puede colocar la manifestación mariana de La Salette como el comienzo de nuestro moderno “aparicionismo”. Ya San Juan Bosco hablaba de esta manifestación; no hacía como los burdos, que todo lo arrojan al basurero. También puede relacionarse a ella al Cura de Ars, o a santa Sofía de Barat entre otros. 
Fátima y Garabandal pueden considerarse como el clímax de esta gigantesca manifestación mariana. No se habrían dado otras manifestaciones como la de Medjugorje si al menos la de Fátima no se hubiese deliberadamente estropeado.
¿Qué intento decir con esto?, simplemente que a la acción mariana se le adosó una acción humana que buscó estropear todo el fenómeno. El demonio nunca permanece inactivo, y siempre encuentra sus ministros que invariablemente lo secundan. 
Dicen estos ministros que el “aparicionismo” va contra la iglesia. Por supuesto, si nos referimos a la iglesia de la mafia lavanda, ténganlo por seguro, mucho más si se refiere a la iglesia de la Pachamama. El caso Bergoglio en este declive de su mísera figura, no es casual, sino mas bien el prototipo de lo que afirmo.
Ante la resistencia a este fenómeno mariano, surge una lista de las así llamadas apariciones que irrumpirán hasta nuestros días. Es el tan tildado “aparicionismo” de los burdos.
Los órdenes de la verdad
Decía San Buenaventura que existían tres órdenes de verdades. 
En primer lugar, “la verdad de las cosas, que reside en la conformidad del pensamiento con el ser: adæquatio intellectus et rei”. 
En segundo lugar, la verdad de los discursos, que consiste en la conformidad de la palabra con el pensamiento: “adæquatio vocis et intellectus”.
En tercer lugar, la verdad de las costumbres, que se acomoda a las normas del derecho establecidas por la razón.
Del mismo modo, podemos decir que existen tres verdades reveladas o tres formas de revelación:
En primer lugar, la verdad que surge de la Revelación de Jesucristo, impartida por los apóstoles y mantenida fielmente por la Tradición.
En segundo lugar la verdad que surge de la especulación sobre dicha revelación intacta por la tradición.
En tercer lugar, la verdad acerca de la vida mística e interior del cristiano, pues las verdades reveladas nos conducen a una vida interior, que los burdos llamaron autorreferencia.
De la primera verdad se ocupan los predicadores  que la transmiten sin deformar, de la segunda verdad se ocupan los teólogos y de la tercera verdad se ocupan los místicos y los estáticos, es decir, aquellos que entran en el éxtasis místico.
Las revelaciones marianas no forman parte de las verdades que se se ocupan de la doctrina transmitida por Tradición, ni se especula con ella. 
Las revelaciones marianas forman parte de las verdades estáticas.
Cuando no se aprende a distinguir una verdad de otra, es porque se es un ignorante, o porque no se quiere.
Las revelaciones místicas
Los estáticos o místicos, se ocupan de revelar cosas que se encuentran ocultas.
El padre Juan G. Arintero, O. P en su manual de La Evolución Mística, dice:
“Por lo hasta aquí dicho podrá comprenderse la suma importancia que en la vida cristiana ejerce el magisterio interior del Espíritu Santo, manifestado no sólo en las continuas ilustraciones que reciben todos los justos y en la maravillosa asistencia con que preserva del error a los concilios y al pontífice, sino también en las frecuentes revelaciones— sensibles o intelectuales— y en el don de profecía o de discreción de espíritus con que favorece y seguirá siempre favoreciendo a tantísimas almas, puesto que siempre ha de estar constituyendo amigos de Dios y profetas (Sap. 7, 27), y derramándose copiosamente sobre jóvenes y ancianos (lo. 2, 28-29).” (Pág. 675)
Y luego de presentar todas las dificultades que se encuentran en ellas, afirma:
“Mas no por eso dejan de ser útilísimas para la edificación de los fieles, y aun de toda la santa Iglesia (1 Cor. 14, 4); no sólo fomentando la piedad, excitando el fervor y levantando el espíritu, sino también contribuyendo eficacísimamente a promover el progreso disciplinar y litúrgico, y aun el teológico — dogmático— . De ahí que el Espíritu de revelación, que tanto desea el Apóstol para todos los seguidores de Cristo, no pueda faltar jamás de la Iglesia católica (Prov. 29, 18; Am. 3, 7) 94.” … (Pág, 679)
— “Este es un hecho positivo contra el cual se estrellan todas lad interpretaciones humanas, por mucho que apelen a la sugestión, al contagio y aun a la telepatía, o a cualquier otra influencia que no sea sobrenatural.” (Pág. 679-680)
Y exclamaba el Padre Arintero, algo que puede ser bien aplicado a los que hablan de “aparicionismo”, como hacia aquellos que buscan el progreso o la evolución del dogma basándose en la infalibilidad de la razón:
"¡Oh maravilloso progreso cuyo límite es Dios mismo! ¡Oh evolución verdaderamente portentosa, que así nos deifica, transformándonos en Dios! ¿Y aun nos llamarán «retrógrados, obscurantistas, reaccionarios..., enemigos de la luz y del progreso»?... ¡Pobres miopes que no ven que su evolución es revolución y degradación, y su progreso retroceso; que la ponderada «evolución» los precipita en el abismo que tienen bajo sus plantas, y el cacareado «progreso» los embrutece y los sepulta en el fango y en las tinieblas! ¡Pobre «razón autónoma», que pretende divinizarse por sí misma y ser norma absoluta de todo, siendo incapaz de conocer el todo de nada, y de corregir o modificar en un ápice la obra divina! ¡Pobre razón insensata que, no comprendiendo ni aun el negro de una uña, ni un solo átomo siquiera, presume de ser quién para fallar sobre los más altos misterios! ¡Pobre razón infatuada y ciega que, ofuscada con los destellos de la Luz infinita, antes que confortar sus ojos con la virtud de la fe, de la esperanza y de la caridad, prefiere, pronunciando su propia sentencia, cerrarlos y vivir en tinieblas como ave nocturna! ¡Pobre razón extraviada que, huyendo de lo grande, de lo noble, de lo divino, que es lo único que podría realzarla y perfeccionarla, no puede menos de degenerar, estragarse y degradarse, al querer bastarse a sí misma y abandonarse a sus propias fuerzas, ocupada en simplezas o bagatelas, cuando no sepultada en inmundicias que acaban de obscurecerla y pervertirla! Todo cuanto, apartada de Dios logres descubrir, mientras más te deslumbre, tanto más te ilusiona y engaña; y, al cabo, de poco podrá servirte cuando, huyendo así del Centro de la luz y de la vida, no puedes parar sino en las 'tinieblas exteriores'". (Pág. 682-683)
Afirmaba San Buenaventura que el orden de los estáticos o quienes poseían los éxtasis, no era muy numeroso, pero que al fin de los tiempos se debía aumentar el número de los mismos.
Los tiempos han llegado y las manifestaciones marianas aumentaron su número y revelaron la enorme cantidad de burdos dentro de ciertas estructuras.
Es curioso que quienes rompen la Tradición en forma alevosa, paralelamente ataquen ferozmente las manifestaciones marianas.
El final del clímax mariano
Este desarrollo mariano, también posee un agotamiento y un fin. Dios no habla cuando no se lo quiere escuchar. El mismo lo vemos reflejado en el Mensaje 31 del Jueves 28 de noviembre de 2002, cuando dice:
Ya no sé de qué forma hablar, qué idioma debo usar.
Todas palabras cargadas de una gran desazón, y a continuación indica cual es el fin o la causa formal de su discurso:
Solo quiero que se salven
Y más adelante remata otra de sus impotencias, luego de haber empleado tantos recursos para llegar hasta la iglesia misma:
...yo no sé que más hacer.
Así es, si Nuestra Señora habla poco porque habla poco; si habla mucho porque no puede existir un oráculo tan extenso; si no habla porque no habla; si habla porque habla: nada les viene bien.
Hoy llegaron a la adoración de la Pachamama, esta es realidad, de nada les vale aplicar paños fríos sobre el hecho que todos presenciamos. ¿Se imaginan un mensaje de la Virgen adorando la Pachamama? ¡Cuántas vestiduras obispales se hubiesen rasgado! ¿Cuántos anatemas!
Ya lo afirmaba ella en el Mensaje 101, del sábado 12 de Julio de 2008:
La oscuridad avanza cada día más y no permite que la Luz se filtre.
Nuestra Señora nunca habla de tinieblas, sino de “oscuridad”. Quien está dentro de la Iglesia está dentro de la Luz, de allí que no deberían existir tinieblas; pero el hombre a veces la busca, por esto algunos eligen ocultarse a las sombras.
A medida que transcurren los años, la oscuridad se fue adentrando lentamente. Oscuridad que se hizo patente con la mafia lavanda, la inculturación y la evolución del dogma.
El tiempo ya estaba agotado, pero Nuestra Señora de rodillas vuelve a orar por sus hijos en la oscuridad:
Hijo, díle al Padre que les dé una oportunidad más. (Mensaje 108, del 12 de Abril de 2009)
La oportunidad fue dada, y así leemos el Mensaje 110 del 12 de Junio de 2009
...ya viven en la oscuridad.
Solo faltaba la entrada triunfal de la Pachamama en la basílica vaticana y a partir de este hecho, todo está concluido.
Todo se ha dicho. Todo lo que sucede fue profetizado. Que el “aparicionismo” atacaba la iglesia, es real, pero se debe entender que no ataca la iglesia de Jesucristo, sino esa iglesia, que como barca con velas de mariposas, navega por las aguas del surrealismo, un surrealismo que se introdujo con las inculturaciones de los jesuitas, hasta inclinarse ante la Pachamama.
Se cerraron los oídos y no quisieron escuchar. La consecuencia es una sola: Hoy se vive en las tinieblas. No esperen más avisos del cielo, ya tuvieron bastantes, ya tuvieron de sobras, miren ahora de cumplir con la Iglesia real, aquella que transmite las verdades de los Apóstoles.
Muchos afirman estar confundidos, solo pueden estarlo quienes eligieron estarlo. Para los hijos de Nuestra Señora, no existe confusión alguna, y quien vive no puede estar en la oscuridad, pues dentro de ella, no existe la vida.

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