Este
jueves 30 de mayo, se celebra la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo. En la
inventada liturgia de Bugnini, llamada Novus Ordo, se pasó al
domingo, para que todo resulte más fácil.
El
mensaje 113 se produce el 17 de abril de 2011, es decir, durante el
Domingo de Ramos, y en la última jornada donde cerramos la semana de
pasión, y entramos de lleno con este domingo en la semana santa.
Dice el Mensaje 113:
«Este
es el pan de la vida eterna, coman de él y de él encontrarán la
salvación.
Este
es el vino que crece en los viñedos, lugar de Paz, Paz de Amor.
El
vino puede purificar las almas.
Bajo
los olivos dejé mi miedo; al llegar a mi Padre, sembrado de naír
estaban los campos.
Hoy se
cierra una etapa, depende de ustedes como sepan vivir la nueva vida,
el secreto está en vivir.
En el
nombre del padre, del Hijo y de todos los Santos, la bendición está
dada, llévala con tu vida.
La
vida de ustedes depende de que vivan y enseñen a vivir.
La Paz
les doy, la Paz les dejo.»
Quien
habla en el mensaje, indudablemente es Jesucristo, pero no habla
previo a su pasión, sino conmemorando su Ascensión a los cielos.
Cuatro
plantas señalan el rumbo del mensaje, el cual se desarrolla según
el tiempo, y se inicia en la última cena:
1. El
trigo hecho pan. Pan que alimenta para la vida eterna, vida eterna de
salvación. Sin comer este pan, no se alcanza la vida-salvación
eterna.
2. La
vid que crece en los viñedos, lugar de Paz, pero de
una Paz que nace del Amor, y se hace vino. Vino que
puede purificar las almas, porque vive en Paz y Amor.
3. El
olivo. Hace referencia al monte de los Olivos, donde el miedo a la
pasión que se aproximaba se hizo presente con sudor de sangre. Del
olivo surge el aceite que cura las heridas: Bajo los olivos dejé
mi miedo.
Los
frutos de las tres plantas deben macerarse para obtener el resultado
buscado. Es la pasión de Jesucristo una maceración.
El
trigo se trilla al ser pisado por animales que arrastran un elemento
pesado, el trillo, sobre la planta segada.
Luego
se aventa, o se arroja al aire para que el viento se lleve la paja.
Este simbolismo, es usado en las Escrituras, como la separación de
los buenos y los malos:
No
así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento.(Salmo
1)
Por
último, el grano debe ser molido con la piedra para obtener la
harina. Escribió San Ignacio de Antioquía (35-c110) a los
cristianos de Roma, que buscaban salvarlo de la muerte, durante el
imperio de Trajano:
«Os
exhorto, pues, que no uséis de una bondad fuera de sazón. Dejadme
que sea entregado a las fieras puesto que por ellas puedo llegar a
Dios. Soy el trigo de Dios, y soy molido por las dentelladas de las
fieras, para que pueda ser hallado pan puro [de Cristo]. Antes atraed
a las fieras, para que puedan ser mi sepulcro, y que no deje parte
alguna de mi cuerpo detrás, y así, cuando pase a dormir, no seré
una carga para nadie. Entonces seré verdaderamente un discípulo de
Jesucristo, cuando el mundo ya no pueda ver mi cuerpo.» (Carta a los
Romanos, IV)
La vid
sufre un proceso similar. Cosechada la uva se pisa con los pies en el
el lagar, para sacar el mosto. Así se lee en Isaías:
«–
¿Quién es ése que viene de Edom y de
Bosra con las vestiduras teñidas de sangre? ...
Soy
yo, – responderá, – el que predicó la justicia, y soy el
protector que doy la salud a los hombres.
– Pues,
¿por qué está rojo tu vestido, * y está tu ropa como la de
aquellos que pisan la vendimia en el lagar?
– El
lagar lo he pisado yo solo, sin que nadie entre las gentes haya
estado conmigo. Pisé a los enemigos con mi furor, y los golpeé con
mi ira, Y su sangre salpicó mi vestido, y manché toda mi ropa.»
(Isaías 63,1 y ss.)
Las
aplicaciones de este aceite eran múltiples. No solo se usaba en los
alimentos, sino que se empleaba en los ritos de las unciones tanto
sacerdotales como regias. Era un elemento medicinal y cuando al pasar
el tiempo perdía sus propiedades, se empleaba como combustible para
la iluminación. Todas estas propiedades, hacen que diga el mensaje:
Bajo los olivos dejé mi miedo.
4.
El naír.
El origen del nombre surge del sánscrito «नायर»
(nāyara). Planta sagrada del Himalaya. Naír será una casta hindú
que agrupaba distintas familias de la nobleza militar o señorial.
Cuando el mensaje nos dice: al llegar a mi Padre, sembrado de naír
estaban los campos, hace referencia al día de la ascensión.
Jesucristo regresa al Padre y deja una etapa, la etapa de su vida
donde enseñó la doctrina del Padre, esta enseñanza es un campo
sembrado de una nueva “casta”, el naír, la “casta” de los
regenerados en el Padre.
Los
hebreos incorporan el término como nerde
(נדר)
y y los griegos como nardo (ναρδος). Como en las plantas
anteriores, el nardo debe macerarse, de cuya destilación se obtiene
un aceite muy preciado en la antigüedad. Así leemos en el evangelio
de San Juan (12,3):
«María,
tomando una libra de ungüento de nardo legítimo, de gran valor,
ungió los pies de Jesús y los enjugó con sus cabellos, y la casa
se llenó de olor del ungüento.»
El
valor de dicha medida del ungüento de María, hermana de Lázaro,
equivalía al jornal de un obrero durante un año. Esto desata la
codicia de Judas Iscariote que recrimina el hecho.
Jesucristo
lo reprende, indicando que el aceite es para su sepultura. Como se
verá, ellas no tuvieron tiempo para esta unción luego de su muerte,
pues su cuerpo debió ser encerrado en el sepulcro con mucho apuro,
pues se avecinaba la pascua.
Afirma
el evangelio que el ungüento era legítimo, pues circulaban muchas
falsificaciones del mismo, tal como lo relata Plinio el Viejo (23-79
d.C.) en su Historia Natural.
Por su
parte, María lo enjuga con su cabello. En los banquetes, las siervas
ofrecían su larga cabellera, para que se limpiaran los comensales.
El
naír se emplea litúrgicamente en oriente, durante el domingo de
Ramos.
Los
campos estaban sembrados de naír al ascender Jesucristo a su Padre,
dicho naír, imagen del cristiano, crecerá de la Palabra de
Jesucristo y será macerado en el martirio, para dar el ungüento de
la vida.
¿Cuál
es nuestro secreto?
Se
dice: Vive y deja vivir. Es el espíritu del mundo. Nosotros decimos,
primero vive, luego enseña a vivir. Como Jesucristo, sé naír y
siembra naír. No el naír falsificado de los herejes, sino el
legítimo.




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