Mensaje
84 Sábado 12 de agosto de 2006
«El
nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Hoy deben llevar,
gritar y no guardar, el nombre del Padre, debe estar a lo alto; el
nombre del Hijo debe estar a su lado; el Espíritu Santo debe entrar
en cada alma y en cada hogar.
El
nombre del Padre es el que deben gritar.
El
nombre del Hijo el que deben contar.
El
Espíritu Santo debe ingresar, su hogar es cada cuerpo.
Hay
muchos que no conocen ni el Padre, ni el Hijo y si no lo conocen a
Ellos, no puede ingresar el Espíritu Santo.
Hoy
cada uno llevará el Camino de la Humanidad, la Luz del Señor, la
Luz del Amor es la Cadena de la Humanidad.
¡La
Paz, la Paz, la Paz! Sí, hay que repetirla, ya nadie la recuerda.
Hermanos se matan, hermanos se pelean, hoy aquí, mañana allá. La
Paz debe estar en cada oración.
El
nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo sea derramada en
ustedes y en el mundo entero, la Paz, la Paz.»
Meditación
El
nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
El
Mensaje no se inicia como oración, sino como una definición. ¿Qué
es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo? El nombre, señala lo que
es, no la esencia, sino su existencia. No se le otorga nombre a lo
que no existe.
Estos
tres nombres, indican Personas distintas entre sí, pero unidas y
compartiendo una misma naturaleza divina.
Hoy
deben llevar, gritar y no guardar, el nombre del Padre, debe estar a
lo alto; el nombre del Hijo debe estar a su lado; el Espíritu Santo
debe entrar en cada alma y en cada hogar.
Llevar,
gritar, son dos verbos que algunos clérigos, es decir miembros
de este clericalismo, no realizan. El verbo deben, señala la
obligación ineludible.
Llevar,
implica misionar. Se diría que el mensaje está en consonancia con
los que llaman el “papado de Bergoglio”, quien a cada paso lo
menciona; pero no es así, mas bien es todo lo opuesto. Para este
miembro, el más elevado del clericalismo actual, que según su
opinión, es un vicio; misionar es llevar tan solo un “servicio”.
He aquí la destrucción operada del accionar apostólico misionero.
Al
afirmar deben llevar, gritar y no guardar, se echa por el
suelo la misión “como servicio”. No se puede guardar en silencio
el mensaje cristiano. Es una trompeta que resuena desde el cielo hasta los confines
del orbe. Gritar es hacer sonar un clarín en los cielos, por
eso prosigue:
El
nombre del Padre es el que deben gritar.
Bergoglio
se dirigió a los países paganos de oriente, pero no llevó el
nombre del Padre, ni lo gritó, simplemente se lo guardó. La suya
fue siempre una misión hueca, donde solo se generó la nada.
San
Pablo realizó cinco viajes misioneros, llevando y gritando a los
gentiles el nombre del Padre, contra toda la idolatría de los
paganos, griegos y romanos.
...el
nombre del Hijo debe estar a su lado... El nombre del Hijo el que
deben contar.
No
existe narración en el Padre, pues vive en la tiniebla divina, es
apofático. La narración se centra en el Hijo, que fue enviado desde
el lado del Padre, para asumir la naturaleza humana, con el objeto
que el hombre por la Gracia pueda asumir la naturaleza divina. Esto
es lo que se debe contar o narrar, y la narración está en los
Evangelios. Contar es evangelizar.
San
Pablo en sus viajes se dirigía a los judíos de la diáspora, pero
cuando narraba al Hijo encarnado en Jesucristo, era generalmente
expulsado de la sinagoga, por lo cual se dirigía a los paganos que
lo escuchaban. El Hijo, Jesucristo, es el que aporta la Gracia, de
allí la narración.
...el
Espíritu Santo debe entrar en cada alma y en cada hogar. El Espíritu
Santo debe ingresar, su hogar es cada cuerpo.
Si el
Padre nos abre el camino a la Fe, Jesucristo nos abre el camino a la
Gracia, pero quien opera, no es ni el Padre, ni el Hijo, sino el
Espíritu Santo. Esta operación ingresa en el hogar de la persona
humana.
La Fe
no opera como afirman los iconoclastas protestantes, tan solo es una
hipóstasis (Hebreos 11,1) que abre la puerta a la Gracia y a la
operación. Quien opera no es la Fe, sino el Espíritu Santo que
ingresa por la puerta de la Fe.
Por lo
tanto, no nos salvamos por la sola Fe como pregonan los iconoclastas
protestantes. Y si no reconocemos la Gracia que baja por la muerte y
resurrección de Jesucristo, como hacen los judíos, tampoco nos
podemos salvar. El Espíritu Santo es quien opera la salvación, pues
reúne la Fe en el Padre y la Gracia en el Hijo, y de este modo opera
la divinización de la persona, la cual pasa a ser un miembro místico
del Cuerpo de Jesucristo, que es la única Iglesia posible.
Hay
muchos que no conocen ni el Padre, ni el Hijo y si no lo conocen a
Ellos, no puede ingresar el Espíritu Santo.
Este
es el Camino: conocer al Padre, que no es Alá, ni otros dioses
paganos, conocer los hechos del Hijo para que el Espíritu Santo
pueda operar.
El
Espíritu Santo no actúa en la Historia como afirman los idealistas
hegelianos, o como afirma Bergoglio. La Historia del mundo, en sí
misma, no es ningún Camino hacia la divinización, sino mas bien, un
sucesivo valle de lágrimas. No hacemos historia, sufrimos la
historia.
Como
vemos, no se trata de llevar un “servicio”, se trata de
que el Espíritu Santo ingrese en la Humanidad y esto solo es
posible, cuando acepte recorrer el Camino señalado por el Padre.
Hoy
cada uno llevará el Camino de la Humanidad, la Luz del Señor, la
Luz del Amor es la Cadena de la Humanidad.
Los
hombres viven en tinieblas, y aman más las tinieblas que la Luz
(Juan 3,19). Desde este principio, es realmente imposible un diálogo
con el mundo, de allí el inminente juicio para este mundo.
La Luz
es Amor, pero ese amor de ágape, al que los latinos tradujeron como
caridad. Este es un amor especial, que proviene de la naturaleza
divina y es quien une las personas humanas, por lo tanto genera la
“Cadena”.
Lo que
sigue, que sea una preparación para la Venida de Jesucristo en
Navidad: Paz a los hombres de buena voluntad (Lucas 2,14):
¡La
Paz, la Paz, la Paz! Sí, hay que repetirla, ya nadie la recuerda.
Hermanos se matan, hermanos se pelean, hoy aquí, mañana allá.
La
Paz debe estar en cada oración.
El
nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo sea derramada en
ustedes y en el mundo entero, la Paz, la Paz.

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