Se celebra el viernes posterior al segundo
domingo después de Pentecostés.
En la Lectura de los Santos Padres,
escribe San Agustín al comentar el Evangelio de San Juan:
«Con
mucha precaución se abstuvo el Evangelista de usar las palabras
hirió su costado, o lo rasgó, sino abrió, a fin de que en cierto
modo se franqueara la puerta por donde brotaron los sacramentos de la
Iglesia, sin los cuales no se entra en la verdadera vida.
Y sigue:
"Y
al instante salió sangre y agua".
La sangre fue derramada por
la remisión de los pecados, y el agua para suave bebida y
purificación.
Esto había sido prefigurado por la puerta que a Noé
se le mandó abrir en el costado del arca para que entraran los
animales que se habían de salvar del diluvio, en los que se
simbolizaba la Iglesia.
Por esta razón fue hecha la primera mujer
del costado de Adán dormido, y este segundo Adán, inclinando la
cabeza, durmió en la cruz, para que fuese formada su esposa y
saliera de su costado durante su sueño.
¡Oh muerte que a los
muertos resucitas! ¿Qué hay más puro que esta sangre? ¿Qué más
saludable que esta herida?
Lo dice quien lo vio, para que crea el que
no lo vio.
Dos testimonios cita de las Escrituras sobre estos
acontecimientos; pues el que había dicho:
"No quebraron a Jesús
las piernas", añadió: "Esto sucedió para que se
cumpliese la Escritura, que dice: No desmenuzaréis ninguno de sus
huesos" ( Ex 12,46), etc. Este precepto había sido dado en la
antigua Ley a aquellos que inmolaban el cordero, que fue la figura de
la Pasión del Señor.
Uno de los soldados abrió su costado con una
lanza, y a esto se refiere el otro testimonio, que dice:
"Y otro
pasaje de la Escritura dice: ellos dirigieron su mirada al que
atravesaron", cuyas palabras contienen la promesa de Cristo que
había de ser crucificado en su propia carne.» (In Ioannem, tract.,
120)
A continuación la tercera Antífona de Laudes, traducida en sus
subtítulos.

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