Ir al contenido principal

Meditando el Mensaje 84


Comienza el Mensaje 84 diciendo:
El nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, hoy deben llevar, gritar y no guardar:...
Nuestra Señora no da clases de teología, nunca lo ha hecho. Son las mujeres modernistas que lo hacen, y siempre bajo el pomposo título de “teólogas”. Que aprendan, Nuestra Señora no es teóloga. Su misión es otra.
¿Pero entonces qué hace?
Explicar las acciones que acompañan el hecho de creer en la Trinidad y es lo que las mujeres deben aprender a realizar.
De este modo señala en primer término tres acciones fundamentales:
1. Llevar, pues cada uno es templo de Dios, vivimos en Dios y el Reino de Dios está dentro nuestro. Donde vamos, llevamos a Dios.
2. Gritar, cada voz es una trompeta que suena desde las cuatro latitudes de la tierra. Cada uno es un apóstol y como dice la liturgia latina, en su breve responsorio de Laudes:
El eco de su voz ha recorrido toda la tierra y sus palabras hasta los confines del orbe.
Decía uno de nuestros críticos, que estos mensajes no podían ser verdad, porque se mandaba gritar. Bien, crítico de alto discernimiento, no grite el evangelio, no grite que Dios existe, no grite a la Humanidad que corre al abismo, no haga sonar su trompeta y espere la recompensa de su padre...
3. No guardar, esconder, cambiar por otro. Guardar en silencio es aceptar la idolatría de esta generación de clérigos donde muchos se han perdido en la triste y profana modernidad.
En estas tres acciones fundamentales, ¿dónde contemplamos cada Hipóstasis o Persona de la Trinidad?
1. El nombre del Padre, debe estar a lo alto; es el Padre celestial, oculto en la nube de la tiniebla divina, al que ninguno conoce, solo se sabe de su existencia, y es tan solo su existencia la que se grita. Es una existencia que responde dentro de su ocultamiento, por eso dice el Salmo 80:
Clamaste en la aflicción, y te libré, † te respondí oculto entre los truenos.
2. ...el nombre del Hijo debe estar a su lado; puesto que es quien fue engendrado desde la eternidad por el Padre, es su Sabiduría eterna, Hipóstasis de naturaleza divina, que también asumió la naturaleza humana y se encarnó para morar entre los hombres. Su nombre es Jesucristo, el resucitado, quien está a su lado; el gran icono del Padre.
3. ...el Espíritu Santo debe entrar en cada alma y en cada hogar.
Mientras el Padre mora en las tinieblas de la nube divina y Jesucristo mora a su derecha, el Espíritu Santo mora en cada alma y en el hogar de la unidad de las almas.
A todo esto, nótese que habla del nombre del Padre y del nombre del Hijo, pero no del nombre del Espíritu Santo. Esto es algo que nuestros teólogos deben tomar nota. En los mensajes se habla del Dios Padre, junto al Dios Hijo, pero elude el nombre de Dios en el Espíritu Santo. Alguno se preguntará la causa. Esto es simple. Dicen nuestros acerbos críticos que estas son revelaciones privadas, y como tales no pueden tomarse como la revelación pública que nos fue transmitida por Tradición. En esto también se acomoda Nuestra Señora. En el Nuevo Testamento, no se menciona en ningún lugar de la escritura que el Espíritu Santo es Dios; esto surge de una deducción lógica y se transmite por Tradición. Si Ella dijera abiertamente que el Espíritu Santo es Dios, se nos echarían encima toda la pacotilla de altos teólogos, diciendo que esta revelación privada, ahora se hizo revelación pública y de esta forma tendrían un motivo en contra nuestra. Como vemos, Ella se acomoda humildemente a nuestras categorías.
En una visión, la auténtica Sor Lucía de Fátima, en Tuy, el 13 de junio de 1929, contempló la Trinidad, y escribió:
Entendí que era el misterio de la Santísima Trinidad que se me había mostrado, y recibí luces en relación a este misterio que no me está permitido revelar.
¡Ay de Sor Lucía si lo hubiera revelado! Los teologuillos no perdonan.
Esta realidad implica una serie de obligaciones: Son las obligaciones de los apóstoles o enviados de Nuestra Señora:
Cada Persona divina conlleva su obligación:
1. El nombre del Padre es el que deben gritar.
2. El nombre del Hijo el que deben contar. Para nuestro crítico de alto discernimiento, el nombre del Hijo no se grita, sino que se cuenta, se narra, se explica su historia de salvación. Si el Padre es grito de existencia desde los truenos, el hijo es voz de enseñanza, tal como lo mandó hacer antes de su ascensión.
3. El Espíritu Santo debe ingresar, su hogar es cada cuerpo. El Espíritu es presencia. De allí que nuestro espíritu bajo el sonido impetuoso de la trompeta que señala con su sonido la presencia del Padre en la nube divina, aquella en la que entró Moisés; bajo la enseñanza de los mandatos de Jesucristo, nuestro espíritu se hace una unidad con el Espíritu Santo, dentro de la misión que nos ha dado, o como dicen los neomodernos, bajo el carisma concedido.
Y ahora viene una lección contra el ecumenismo de esta generación donde pululan muchos clérigos perdidos:
Hay muchos que no conocen ni el Padre, ni el Hijo y si no lo conocen a Ellos, no puede ingresar el Espíritu Santo.
Así es clérigos de la generación perdida, o como dicen otros, apóstata. Sin la Trinidad no existe Dios verdadero, y si no es verdadero, es porque es falso. No existe un dios medio verdadero y medio falso.
Quien lo posee es el católico. Sin trinidad no existe espíritu de acción divina; quienes la niegan caen en las depravaciones del mundo moderno.
Dice el Salmo 80:
Te puse a prueba junto a la fuente de Meribá.
Los hebreos en su camino por el desierto llegaron a Meribá, como faltaba agua, se rebelaron contra Dios, añorando los dioses egipcios. Moisés golpeó la roca y de ella brotó agua. El agua de nuestra doctrina trinitaria. Hoy se rebelan mirando los dioses ecuménicos, están siendo puestos a prueba como en Meribá.
Abandonemos estos dioses para que no se nos diga como en el Salmo 80:
Escucha, pueblo mío, doy testimonio contra ti.
No tendrás un dios extraño, * no adorarás un dios extranjero.
El Padre da testimonio contra su pueblo, pues su pueblo no da testimonio de la existencia de su Padre. No adorarás un dios de otra religión, pues no es el Dios de este pueblo cuyo Camino está el desierto de este mundo.
Ahora munido con estas acciones fundamentales, el católico unido a Nuestra Señora de la Humanidad, hará lo siguiente:
Hoy cada uno llevará el Camino de la Humanidad, ...
Este es el Camino marcado por el Padre Celestial, que como a Moisés nos ordena sacar la Humanidad de la esclavitud del Egipto idólatra y sumergida en la magia demoníaca. Que no se nos diga como en el Salmo 80:
Los entregué a su corazón obstinado, * para que anduviesen según sus antojos.
Este es un Camino por el desierto de este mundo, existe una Luz sobre las tinieblas de esta noche profunda, donde todo parece sucumbir a la tupida oscuridad. Se alza sobre nuestras cabezas, en lo alto del cielo, la nube del Padre, donde su Hijo, que está a su lado arroja la Luz, esa Luz que alumbraba de noche a los hebreos en su camino por el desierto. Bajo esta Luz somos alimentados por el maná del Cuerpo de Cristo, bebiendo del agua de la Piedra de Meribá, la cual nos acompaña. El agua de esta piedra es la doctrina y enseñanza de Jesucristo, tal como concluye el Salmo 80:
Te alimentaría con flor de harina, * te saciaría con miel silvestre.
Entonces se puede dar el paso tercero del Camino:
...la Luz del Amor es la Cadena de la Humanidad.
Es la formación de la unidad, la cual no se hace por tratados, pactos o contratos. Es una unidad profunda, la cual se basa en la unidad de las Tres Personas Divinas, las cuales poseen una unidad infinita, a tal punto de formar una sola naturaleza, la divina. La persona humana, como icono de la Persona divina, está llamada a la unidad con su prójimo, para formar una unidad tanto como le sea posible con el auxilio de la Gracia. Esta unidad proporciona lo que sigue:
¡La Paz, la Paz, la Paz!
Como el mundo no adora al Dios Trinitario, sino que se guía por caprichos humanos, no posee espíritu de Paz, pues el Espíritu Santo no entró en ellos. A este respecto dice la Regla franciscana:
En toda casa en que entren digan primero: Paz a esta casa (cf. Lc 10,5).
Somos portadores y mensajeros de Paz, somos la contracara del demonio, quien lleva divisiones, discordias, guerras y masacres. Al decir, Paz a esta casa, estamos emitiendo un exorcismo contra el espíritu de discordia, de rebeldía, de división: todos espíritus que moran en las tinieblas de los abismos infernales.
Donde existe la Trinidad, existe la unidad; donde existe la unidad, existe la Paz. Por ello dice Nuestra Señora:
Sí, hay que repetirla, ya nadie la recuerda.
Tan poca importancia se le presta. Luego prosigue con un triste lamento:
Hermanos se matan, hermanos se pelean, hoy aquí, mañana allá.
Por último, todo lo resume la oración, donde la unidad de las personas se une a la unidad divina, por ello se sigue:
La Paz debe estar en cada oración.
Y concluye el mensaje:
El nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo sea derramada en ustedes y en el mundo entero, la Paz, la Paz.

Santiago Grasso




Comentarios

Entradas populares de este blog

23 de septiembre: Fiesta del Santo Padre Pío

Fiesta de uno de nuestros protectores. SÍNTESIS BIOGRÁFICA Francisco Forgione (1887-1968), llamado Padre Pío, por sus votos con los frailes menores. Nació en Pietrelcina, a los 16 años ingresa en el noviciado de los capuchinos, en 1910 fue consagrado sacerdote. En 1918 se hacen visibles sus heridas en las manos, pies, costado y hombro. Luego de San Francisco de Asís, este otro Francisco, conocido hoy por Padre Pío de Pietrelcina, recibe los mismos estigmas de su fundador. Desarrolló una actividad ejemplar en San Giovanni Rotondo, pero los místicos siempre se oponen a los gnósticos de turno; o mejor dicho, los gnósticos se sienten atacados por los místicos que el Espíritu de Dios suscita. Esto motivó una persecución en su contra. TRADICIONAL GUERRA AL MÍSTICO Aislar y torturar al místico, es una costumbre milenaria dentro de ciertos sectores. ¿Los motivos? Los de siempre, casi los conocemos de memoria, pero todos giran sobre este eje: No existe nada de sobrenatural. ...

La Llegada de Cristo (II)

E ntre las dos venidas corporales de Jesucristo en los extremos del tiempo, se da su llegada a nuestra alma, y como lo expone en la Homilía para el Segundo Domingo de Adviento, el beato Guerrico de Igny, monje cirterciense, es una llegada oculta y admirable: «Además por su lugar en el tiempo y por analogía de semejanza, esta venida espiritual se sitúa entre las dos venidas corporales, y a modo de intermediario participa de ambas. En efecto, la primera es humilde y oculta, la última será manifiesta y admirable; ésta es oculta, pero admirable.» Esta llegada de Jesucristo al alma, es una analogía de las dos venidas , porque estas fueron corporales, en cambio esta tercera venida actual es espiritual. «Con razón se dice oculta, no porque la ignore aquel a quien visita, sino más bien porque acontece secretamente. Por lo cual aquella alma gloriosa, gloriándose, se dice a sí misma:  “ Mi secreto es para mí, mi secreto es para mí .” (Is. 24,16.) Pero aquel a quien el Señor ...

"Alégrate, padre Adán", por San Bernardo.

S an Bernardo de Claraval (1090-1133), abad cisterciense.  Este sábado dedicado a la Sma. Virgen María, se lee en los Nocturnos de las horas monacales tradicionales, parte de uno de sus sermones: «Alégrate, Adán, padre nuestro; y tú Eva, madre nuestra, llénate de gozo; vosotros mismos que, así como fuisteis padres de todos, así fuisteis de todos homicidas, y, lo que es mayor desgracia, primero homicidas que padres, consolaos con esta hija, y tal hija; pero alégrese Eva principalmente, pues de ella primero nació el mal, y su oprobio pasó a todas las mujeres. Porque ya está cerca el tiempo en que se quitará el oprobio, ni tendrá ya de qué quejarse contra la mujer el hombre; el cual, pretendiendo excusarse imprudentemente a sí mismo, no dudó acusarla cruelmente diciendo: La mujer que me diste me dio del fruto del árbol, y comí (Gen 3,12). Así, corre, Eva, a María, corre a tu Hija; ella responderá por ti, quitará tu oprobio, dará satisfacción a su Padre por su Madre; pues ha dispuesto...