Esta
civilización moderna se basa en la tecnología. Lo tecnológico es
de por sí hueco y vacío, pues adolece de pensamiento. Esto hace que
ciertos comportamientos de quienes vivan en ella nos manifiesten esta
decadencia mental. Por eso escuchamos de vez en cuando, que alguien
arroja un epíteto sobre otro, sobre todo para ensuciarlo. De acuerdo
con esta hipócrita civilización, se me puede dar el mote de
homófobo, medievalista, integrista, retardatario, y en ocasiones,
sectario.
Son las
nuevas formas de conducta de una sociedad hueca de ideas, igual que
un caño: donde por su interior puede pasar gas, agua, cerveza o el
producto de una letrina. Son los “códigos” de un mundo que no
quiere pensar y a falta de pensamiento, se dedica a lanzar epítetos
al aire, pues no sabe ejercer con su razón una oposición seria y
contundente a su adversario, puesto que este es un mundo que se se
cansó de pensar.
La Iglesia moderna.
Esto mismo acontece en la Iglesia
moderna. La falta de pensamiento entra en todos los sectores, y
muchos miembros de su estructura no saben pensar, solo repiten como
loros lo que escucharon decir de otros; por eso, el mejor oficio que
algunos ejercen, es el de la murmuración.
De allí que escuchamos vociferar: ¡Esto
es una secta! ¿Alguna vez, algún necio te dijo que perteneces a una
secta? Muy bien, analicemos la situación, cosa que el necio nunca
hace, porque pensar da mucho trabajo. En otras palabras, es un caño
hueco.
¿Qué es una secta?
De acuerdo a la Real Academia Española,
el sustantivo secta posee dos significados esenciales:
a. Doctrina religiosa o ideológica
que se aparta de lo que se considera ortodoxo.
b. Comunidad cerrada, que promueve o
aparenta promover fines de carácter espiritual, en la que los
maestros ejercen un poder absoluto sobre los adeptos.
Catolicismo y secta
Analicemos ahora si es lícito aplicar
este sustantivo a un católico que vive su Fe.
En el Camino de la Fe se deben distinguir
tres momentos especiales:
1. La manera por la cual llegamos a la
Fe. ¿Cómo llegaste a la Fe católica? Si analizamos, cada uno
tiene un Camino realizado distinto a cualquier otro, y es el Espíritu
Santo quien movió cada persona hacia la Fe de la cual brota la
Gracia que nos transforma.
Si te dicen que eres un sectario por la
forma como llegaste a la Fe católica, quien lo dice, ataca al
Espíritu Santo que es quien actuó dentro de la persona para
alcanzar dicha Fe.
2. Es importante determinar en qué se
basa dicha Fe. Por esto decimos que nuestra Fe se basa en la
Doctrina. Decimos que nuestra doctrina está resumida en el
catecismo, y de todos los catecismos, nos quedamos con el de Pío X,
porque es simple, resumido, sin doble lenguaje y fácil de memorizar
como lo hacíamos antes del Vaticano II. Por ello recitamos el Credo,
como símbolo del catecismo en el cual creemos.
Si te dicen que eres sectario por la
Doctrina milenaria de la Iglesia, quien lo dice ataca la Iglesia,
ataca a Jesucristo quien recibió la doctrina de Dios Padre, ataca a
los apóstoles que la recibieron de Jesucristo y la proclamaron por
todo el mundo, y ataca la Tradición que la mantuvo ajenas a los
errores del mundo a través de la historia. Alegrémonos en este
caso, pues San Pedro y San Pablo murieron por sectarios a la religión
de los hebreos durante la Primera Persecución contra los cristianos,
la cual fue incentivada entre otros, por muchos judíos de esa época,
los cuales querían terminar con nuestra secta cristiana.
3. La Fe católica que hemos abrazado,
nos mueve a la acción, pues la
doctrina no es una idea
abstracta como la llama
Bergoglio, sino que es como una llama de Luz que produce una forma de
vida, es lo que los antiguos occidentales llamaban, la
espiritualidad.
La doctrina estimula la ascética y da paso a la mística, incentiva
la oración y da una forma de vida distinta en cada uno y en cada
comunidad católica. ¿Quién es el necio que le diga a los monjes de
un monasterio que son unos sectarios por su forma de vivir la Fe?
¿Quien es el falto de razón que llame sectarias a las Carmelitas
descalzas porque renunciaron a vivir en el mundo?
Aplicar estos principios a nuestra
situación
Ahora apliquemos estos principios a
nuestra propia situación. Por momentos, cambiaremos de posición
para mirar este tema desde el ángulo que algunos lo ven:
a. En nuestro caso, todo se reduce a
las manifestaciones de la Virgen de la Humanidad en Quilmes, Bs.
As., Argentina. Por estas manifestaciones algunos abrazaron la Fe
católica. ¿Quién es el traidor que llame sectarios a los que por
la manifestación de la Madre de la Humanidad abrazaron la Fe
Católica?
b. Es importante aclarar algo que
los necios nunca aclaran. Estas manifestaciones nos movieron
hacia la Fe católica; pero no constituyen la base de nuestra Fe.
Es decir, las manifestaciones hicieron lo que explicamos en el punto
primero; pero nuestra Fe se basa en el punto segundo explicado
anteriormente; nuestra Fe se basa en la Doctrina de los Apóstoles,
conservada pura por la Tradición católica. ¿Quién es el necio que
tilde a esto de sectario?
Si así fuera, que somos sectarios, deben
decirnos obligatoriamente, donde está nuestro error doctrinario,
pues suponemos que lo dicen por caridad. Si se vuelcan al silencio,
cosa que siempre hacen, es porque no existe secta alguna.
c. Esta Fe de los Apóstoles
incentivada por las manifestaciones marianas de la Madre de la
Humanidad, nos movieron a una forma de vida, de entrega y de
espiritualidad. Es el punto tercero que ya explicamos. No existe
dentro del catolicismo una sola forma de espiritualidad; sino tantas,
cuantas crea el Espíritu Santo en consonancia con la orden del Dios
Padre. Las formas de vivir la Fe son como la creación, múltiples y
distintas para cada caso. Por este motivo, quien tilde a nuestra
forma de vida de sectaria, debe indicar obligatoriamente (si lo hace
por caridad), el aspecto erróneo de nuestra vida, cosa esta, que
nadie hace, puesto que decidieron por propia voluntad, ignorarnos.
Quien ignora, lamentablemente desconoce.
Errores sobre las manifestaciones
marianas
Es un error corriente entre los católicos
creer que las manifestaciones marianas están prohibidas, si no son
aceptadas por esta estructura eclesial. En este aspecto, se hace
importante saber que después de haber sido derogados los cánones
1399 y 2318 del Código de Derecho Canónico, por la decisión de
Pablo VI en AAS 58 (1966) 1186, los escritos referentes a nuevas
Apariciones, manifestaciones, milagros, etc., pueden ser difundidos y
leídos por fieles, incluso sin licencia expresa de la Autoridad
Eclesiástica, con tal de que se observe la Moral Cristiana general.
Por tal motivo y haciendo extensivo este
criterio a la forma de proceder, no existe prohibición alguna para
intervenir activamente en estas manifestaciones marianas.
Por lo tanto, a nadie obligamos a
creer, puesto que es libre; como asimismo a nadie obedecemos cuando
se nos dice que están prohibidas, pues contradicen el sentido común
de la Fe y niegan el magisterio ordinario de la Iglesia.
Si así fuera, que nuestras
manifestaciones llevan peligro a la Fe, deben decirnos
obligatoriamente donde está el error doctrinal, cosa que nunca han
hecho. Si nuestra espiritualidad conlleva faltas en la moral, se hace
necesario decirlas por caridad. Cosa esta que tampoco hacen. Y no lo
hacen porque han decidido ignorarnos; y quien ignora, siempre
desconoce.
Prudencia en la presente crisis de la
Iglesia
Hoy la Iglesia católica vive una de sus
peores crisis, para muchos igual o superior a la crisis arriana del
siglo IV.
Cuando se habla de crisis, se habla de
falta de claridad en la doctrina, de oscurecimiento de la Verdad. Las
crisis siempre van acompañadas de faltas gravísimas en la moralidad
en los “falsos hermanos”.
Esta crisis no existía hace diez años,
ni hace cinco años, si bien se venía preparando. Esta crisis hace
que el católico deba adoptar en el momento presente ciertas medidas
de prudencia:
1. Los hechos nos dicen que en este
momento, no existe una autoridad central, por dos motivos:
Primero, quien la posee Benedicto
XVI renunció a ejercerla, y solo se dedica a la contemplación.
Segundo, quien fue elegido como
autoridad central para ejercerla no sigue la doctrina de los
Apóstoles, mantenida pura por la Tradición y se dedica a dividir la
Iglesia. Esto hace que se genere una crisis de autoridad sin
precedentes en la era moderna.
2. Es norma de prudencia, alejarse de
todo sacerdote u obispo que impulse el libre pensamiento doctrinario
o litúrgico: siguiéndolos, dañaríamos nuestra Fe. Recordemos
que quien salva y deifica la persona, no es la estructura eclesial,
sino la Gracia que dicha estructura debe poseer y transmitir. Todo
error dogmático hace que se tambalee la Fe y no se pueda lograr la
deificación de la persona que solo se alcanza con la participación
en la Gracia divina. La Liturgia es una Procesión de la doctrina. Si
la liturgia es aberrante, como vimos en ciertos casos, es porque la
Doctrina está plagada de errores.
3. Es norma de prudencia, alejarse de
todo sacerdote u obispo que conlleve una moral degradante e
inaceptable por la doctrina tradicional de la Iglesia. Los
pecadores en este sentido, deben ser excomulgados de la Iglesia, cosa
que como pésimos administradores, nuestras autoridades nunca hacen,
dejando los lobos dentro del rebaño. Por esto, la oveja prudente
escapa del rebaño donde se percata que merodean los lobos.
¿Quién es el sectario?
Esta feroz crisis que soporta la Iglesia,
hace que en estos momentos (no lo era hace unos años), los
sospechosos de error doctrinario y falta de moral, sean quienes
defienden la estructura eclesial “a ciegas”. Se han
invertido los papeles, antes los sospechosos éramos nosotros, ahora
los sospechosos son ellos, los que ciegamente, viven dentro de
la estructura eclesial.
Esta sospecha que como el derrumbe de un
techo en pleno terremoto, cae sobre ellos, les duele profundamente;
si nosotros la supimos sobrellevar, también la podrán sobrellevar
ellos; es por esto que reaccionan llamándonos sectarios.
Habría que investigar si los sectarios en realidad no son ellos,
pues se arriman a los dos sentidos esenciales del sustantivo secta;
pues tanto Bergoglio como sus secuaces ejercen un poder absoluto
sobre ellos, y para seguirlos
ciegamente se han apartado fehacientemente de la doctrina tradicional
de la Iglesia, divulgando los errores del siglo.
Por
supuesto, nosotros no vamos a actuar como lo hacían y lo hacen
ellos; cuando les digamos sectarios,
les diremos cual es el motivo grave que nos impulsa hacerlo, y lo
hacemos por caridad, no por odio.
Por último decimos, que si por querer
una Iglesia doctrinal y Santa nos llaman sectarios, entonces, somos
sectarios por la Gracia de Dios.

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