Este sábado dedicado a la Sma. Virgen María, se lee en los Nocturnos de las horas monacales tradicionales, parte de uno de sus sermones de San Bernardo de Claraval (1090-1133), abad cisterciense.
Una lección de humildad
«Maravíllate de estas cosas, y mira cual es de mayor admiración, si la benignísima dignación del Hijo o la excelentísima dignidad de tal Madre.
De ambas partes está el pasmo, de ambas el prodigio.
Que Dios obedezca a una mujer es humildad sin ejemplo, que una mujer tenga autoridad para mandar a Dios es excelencia sin igual.
Se canta en alabanza de las Vírgenes como cosa singular, que siguen al cordero a cualquiera parte que vaya (Ap 14,4).
¿Pues de qué alabanzas creerás digna a la que va también delante del cordero, y el cordero la sigue detrás?
Aprende, oh hombre, a obedecer; aprende, tierra a sujetarte, aprende, polvo, a observar la voluntad del superior.
De tu Autor habla el Evangelista y dice: Y estaba sujeto a ellos. Esto es, estaba sujeto a María y a José.
Dios se humilla, ¿y tú, oh criatura surgida de la tierra, te exaltas? Dios se somete al hombre, y tú, que siempre estás tan ansioso de ser el señor de los hombres, ¿te eriges en el señor de tu Creador?»
Responsorio
Dichosa eres, sagrada Virgen María, y sumamente digna de todas las alabanzas: * Porque de ti ha nacido el sol de justicia, * Cristo, nuestro Dios, aleluya.
Ruega por el pueblo, intervén en favor del clero, intercede por las mujeres consagradas con voto a Dios; experimenten tu auxilio todos cuantos celebran tu santa conmemoración.
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