Tomado del Libro de San Jerónimo, Presbítero, contra Joviniano:
«Cristo es virgen, y la Madre de Aquel que es nuestro y es Virgen, permanece Virgen para siempre, siendo a la vez Virgen y Madre. Jesús, en efecto, entró “con las puertas cerradas”; y en su sepulcro (sepulcro nuevo, abierto en una roca muy dura) nadie fue colocado antes ni después de Él.
“Huerto cerrado, fuente sellada”, María es la fuente de donde mana aquel río de que habla Joel, que riega el torrente de los vínculos o de las espinas (de los vínculos de los pecados que en otro tiempo nos tenían cautivos; de las espinas que ahogan la semilla sembrada por el Padre de familias).
Ella es la puerta Oriental, siempre cerrada, como dice Ezequiel, y siempre resplandeciente, ya se esconda tras ella, ya salga de ella el Santo de los santos; puerta a través de la cual entró y salió el sol de justicia, nuestro Pontífice según el orden de Melquisedec.»
(Apología de Pammaquio, con ocasión del libro contra Joviniano, en el fin.)
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Dichosa
eres, sagrada Virgen María, y sumamente digna de todas las
alabanzas:
* Porque de ti ha nacido el sol de justicia, *
Cristo, nuestro Dios.
Ruega por el pueblo, intervén en favor del clero, intercede por las mujeres consagradas con voto a Dios; experimenten tu auxilio todos cuantos celebran tu santa conmemoración. Porque de ti ha nacido el sol de justicia. Cristo, nuestro Dios.

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