La
herejía bergogliana, se ha propuesto entre otras cosas, vaciar de
contenido el catolicismo. De allí que los dogmas son ideas
abstractas sin implicancia en la vida diaria, de allí que dicen que
la doctrina nos lleva a posiciones rígidas, las cuales nos impiden
aplicar la reformas que ellos presentan. Por supuesto, estas reformas
son auténticos cambios doctrinarios. Este es el vacío de contenido
de un catolicismo en franca decadencia, para que abrace, a lo
“Bergoglio” las propuestas de este mundo y de este siglo.
Por contrapartida, Nuestra Señora se
propuso avivar todo el contenido católico, preservado sin mancha por
la Tradición. A esto responde la insistente demanda del rezo del
Credo.
En esta línea leemos en el último
mensaje:
Quiero que les enseñen a aquellos que
no saben rezar lo que es un Padrenuestro, …(115)
En una ocasión mi confesor me impuso
rezar una vez al día, el Pater Noster o Padrenuestro en forma
meditada. Es el Pater Noster una oración que lleva a la
meditación de las mal llamadas ideas abstractas, que para
nosotros son nada menos que el peldaño para ascender en la escala
mística hacia la contemplación divina.
¿Pero cómo se hace para detenerse una
vez al día y contemplar una oración, fruto de meditaciones
anteriores, con el afán y trajín de cada día?
San Francisco de Asís (1181/1182-1226),
nos trae la solución, pues compuso un Pater Noster meditado,
el cual dejo a continuación.
Francisco de Osuna (1492–1541), en su
Tercer Abecedario Espiritual lo introduce de este modo:
Por ser esta oración del Señor mejor
en mucho grado que todas las otras, han hecho los santos muy buenas
exposiciones sobre ella, las cuales, por ser tantas, quiero dejar
aparte y poner aquí la declaración que San Francisco hizo sobre
ella, y que el mismo santo decía; y quien bien mirare en ello, verá
que no sin misterio la puse aquí, porque sin duda no he visto
exposición de más utilidad para todos los fieles que ésta, ni que
más inflame el corazón de las personas devotas. Y la exposición
junta con la letra de la misma oración comienza de esta manera:
Beatísimo
Padre nuestro, Criador, Redentor, Salvador y Consolador
nuestro
que estás en los cielos, en los
ángeles y en los santos, alumbrándolos para conocer,
porque tú, Señor, Luz eres; inflamas al
amor,
porque tú, Señor, amor eres y moras en
ellos; y colmándolos para que sean bienaventurados,
porque tú, Señor, eres sumo bien y
eterno, del cual viene todo bien, y sin el cual ninguna cosa es
buena.
Sea tu nombre santificado; sea
clarificada en nosotros tu noticia, para que conozcamos que tal sea
la latitud de tus beneficios, la longura de tus promisiones, la
alteza de tu majestad y el profundo de tus juicios.
Venga a nos tu reino, para que tú
reines en nosotros por gracia y nos hagas venir a tu reino, adonde tu
visión está manifiesta, tu amor perfecto, tu hartura
bienaventurada, tu fruición y gozo sempiterno.
Sea hecha tu voluntad en la tierra así
como en el cielo, para que te amemos de todo corazón, pensando
siempre en ti, y de toda nuestra ánima deseándote siempre, y de
toda la memoria enderezando en ti todas nuestras intenciones, y
buscando en todas las cosas tu honra, y gastando de todo nuestro
poder todas nuestras fuerzas y sentidos de ánima y cuerpo en el
servicio de tu amor y no en otra parte, y amemos, Señor, a nuestros
prójimos como a nos mismos, trayéndolos todos a tu amor según
nuestras fuerzas, y gozándonos de los bienes ajenos como de los
nuestros, y compadeciéndonos de sus males, y no dando a nadie alguna
ofensa.
Nuestro pan de cada día, que es
tu amado Hijo, nuestro Señor Jesucristo, dánoslo hoy en
memoria y en inteligencia y en reverencia del amor que nos tuvo, y de
las cosas que por nosotros dijo e hizo y sufrió.
Y perdónanos nuestras deudas por
tu inefable misericordia y por la virtud de la pasión de tu amado
Hijo, y por los merecimientos e intercesión de la beatísima Virgen
María y de todos los escogidos,
así como nosotros perdonamos a
nuestros deudores; y lo que enteramente no perdonamos, haz tú,
Señor, que plenariamente lo perdonemos, para que verdaderamente
amemos por amor de ti a nuestros enemigos y debidamente roguemos
acerca de ti por ellos, no dando a ninguno mal por mal, y que
estudiemos aprovechar a todos en ti.
Y no nos traigas en tentación
oculta o manifiesta o subitánea, ni que dure un momento;
mas líbranos del mal presente,
pasado y por venir.
Amén.
Francisco de Osuna (1492–1541) TERCER
ABECEDARIO ESPIRITUAL: L.14, C.2.
(http://www.franciscanos.org/temas/lehmann09.htm)

MUCHAS GRACIAS , SAN FRANCISCO NOS TRAJO LA SOLUCION * SIEMPRE NOS ESTÁ ENSEÑANDO ...
ResponderEliminarY QUE BIEN Y COHERENTE QUE SE EXPRESA !!! *GRACIAS SANTIAGO* UN ABRAZO* ! ANGELA PALACIOS *
GRACIAS , SAN FRANCISCO DE ASÍS ( 1181/1183-1226 ), NOS TRAJO LA SOLUCION, NUNCA DEJAMOS DE APRENDER DE ÉL ! TAN HERMOSA Y COHERENTE SU EXPLICACIÓN O MEJOR DICHO SU MEDITACIÓN.MUCHAS GRACIAS *Santiago Grasso* UN ABRAZO.
ResponderEliminarMuy bueno! gracias Santiago, un abrazo.
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