Este sábado dedicado a la Sma. Virgen María, se lee en los Nocturnos de las horas monacales tradicionales, parte de uno de sus sermones de San Bernardo de Claraval (1090-1133), abad cisterciense.
«¿Por qué teme llegar a María la fragilidad humana?
Nada hay en ella austero, nada terrible; todo es suave, ofreciendo a todos leche y lana. Revuelve con cuidado toda la serie de la evangélica historia, y si acaso algo de dureza o de reprensión desabrida, si aun la señal de alguna indignación, aunque leve, se encuentre en María, tenia en adelante por sospechosa y recela al llegarte a ella. Pero si más bien (como es así en la verdad) encuentras las cosas que pertenecen a ella llenas de piedad y de misericordia, llenas de mansedumbre y de gracia, da las gracias a aquel Señor que con una benignísima misericordia proveyó para ti tal mediadora que nada puede haber en ella que infunda temor. Ella se hizo toda para todos; a los sabios y a los ignorantes, con una copiosísima caridad, se hizo deudora. A todos abre el seno de la misericordia, para que todos reciban de su plenitud: redención el cautivo, curación el enfermo, consuelo el afligido, el pecador perdón, el justo gracia, el ángel alegría; en fin, toda la Trinidad gloria, y la misma persona del Hijo recibe de ella la substancia de la carne humana, a fin de que no haya quien se esconda de su calor.»
«Venid a mí todos los que me deseáis, y sed saciados de mis frutos. Porque mi espíritu es más dulce que la miel, y mi heredad más que la miel y el panal. Mi memoria es por generaciones eternas.» (Sir 24:26-28 )

Bendita seas Madre amada!
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