Homilía de san León Papa.
(Serm. II. de Nativ. Domini.)
Clementísimo es Dios y todopoderoso: su naturaleza es pura bondad: su voluntad es puro poder: su obra es pura misericordia. Así lo mostró al linaje humano, pues viéndole muerto con la ponzoña que el maligno enemigo, lleno de envidia, le había dado, luego al principio del mundo señaló los remedios de su piedad infinita, con que había de ser remediado; y dio señal manifestísima a la serpiente cuando la dijo, que de una mujer nacería quien con su virtud la quebrantase la cabeza y derribase su soberbia: denotando a Cristo nuestro Redentor, Dios y hombre verdadero: el cual nacido de la Virgen Sacratísima había de confundir a este cruel adversario.
Era toda la gloria de que el enemigo nuestro se preciaba, decir que había engañado al hombre, y le había despojado de toda la riqueza que Dios le había dado: que le había quitado el don de la inmortalidad y le había procurado, la dura sentencia de muerte; y casi manifestaba haber hallado consuelo para sus males, en haber hecho al hombre enemigo de Dios como él lo era. Como que se alababa de que por su industria había sido causa de que mudase Dios la orden del primer estado qué había dado al hombre poniéndole en tanta honra; y esta mudanza fue con severidad justa y conforme a razón, que todo esto él lo había procurado.
Era necesario, amados hermanos, que para remediar mal tan grande concurriese la providencia secreta del soberano consejo, y que Dios, en quien no puede haber mudanza cuya voluntad no puede ser privada de su clemencia, viniese a cumplir la primera disposición de su piedad con el hombre; y que esto fuese con misterio muy secreto, y que el hombre engañado por la malicia del demonio, no quedase para siempre perdido: pues esto era contra la primera disposición de Dios. Fue menester, que el verdadero Hijo de Dios que venía del seno del Padre soberano, sin apartarse de la gloria en que estaba, por nueva orden, por nueva generación, y por nuevo Nacimiento viniese al mundo. Vino por nueva orden el que, siendo de naturaleza invisible, tomando la nuestra se hizo visible: siendo incomprehensible, se hizo tal que le pudiésemos comprehender: siendo ante todos los tiempos, empezó a ser en tiempo: siendo Señor de todo el mundo, ocultó la dignidad de su Majestad, y tomó forma de siervo: siendo Dios impasible, tuvo por bien ser hombre pasible: siendo inmortal, se sujetó a la ley de la muerte.
Responsorio
R. María, no sé con que alabanzas expresar tu santa e inmaculada virginidad. * Porque a aquel que los cielos y la tierra no podían contener, lo contuviste en tu seno.
V. Bendita eres entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre.
R. Porque a aquel que los cielos y la tierra no podían contener, lo contuviste en tu seno.

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