El jueves 16 de junio fue la fiesta de Corpus Christi. Dice San Agustín en su comentario sobre el Cuerpo de Cristo:
«Los hombres, mediante la comida y la bebida, se proponen librarse del hambre y de la sed. Pero no pueden lograrlo en verdad sino por este único alimento y esta única bebida, que hacen inmortales e incorruptibles a los que los reciben, y por ende los hace miembros de la sociedad de santos, en la que se halla la paz y la perfecta unidad. Para ello, como lo entendieron los hombres de Dios que nos precedieron, al dejarnos nuestro Señor Jesucristo su cuerpo y su sangre, eligió para este propósito, materias cuya unidad está compuesta de muchas partes.
De estas materias, la una compone un solo pan de muchos granos de trigo; la otra, un solo vino del jugo mezclado de muchos granos de uva.
Expone el Señor finalmente cómo se realiza aquello de que habla, y en qué consiste comer su cuerpo y beber su sangre. “Quien come mi carne, y bebe mi sangre, en mí mora, y Yo en él”.
Comer este alimento y beber esta bebida, es, pues, morar en Jesucristo, y tener a Jesucristo morando en sí.
Por consiguiente, quien no mora en Jesucristo, y aquel en quien no mora Jesucristo, no come en verdad su carne, ni bebe espiritualmente su sangre, por más que, según la carne y visiblemente, mastique el Sacramento del cuerpo y sangre de Jesucristo; antes por lo contrario, para su condenación, come y bebe tan gran misterio, habiéndose atrevido a acercarse manchada la conciencia, al Sacramento de Jesucristo, que nadie puede recibir dignamente si no es puro, según estas palabras: “Bienaventurados los que tienen puro su corazón, porque ellos verán a Dios”.
“Así como el Padre que me ha enviado vive, y yo vivo por el Padre —dice el Señor— así quien me come también él vivirá por mí”.
Es como si dijera: El que Yo viva por mi Padre, es decir, que Yo tenga de Él la vida, como de quien es mayor que Yo, es efecto del estado de anonadamiento a que me destinó; pero que alguien viva por mí, es debido a la comunión en que entra conmigo cuando me come. Vivo por el Padre en estado de humillación; pero al que me recibe, el vivir por mí le constituye en estado de elevación.
Si Jesucristo dijo: “Vivo por mi Padre”, porque procede de su Padre, sin que el Padre proceda de Él, estas palabras no se oponen en modo alguno a su igualdad con el Padre.
Asimismo, cuando añade: “Quien me come, también él vivirá por mí”, no quiere significar que seamos sus iguales, sino la eficacia de su gracia como mediador.» (Tratado 26 sobre San Juan)
Responsorio
Me envió mi Padre, Dios viviente, y Yo vivo por el Padre:
* Y el que me comiere vivirá por mí.
Le alimentó el Señor con el pan de vida y de entendimiento.
Y el que me comiere vivirá por mí.
«Vuelvan a los libros, a las viejas escrituras donde empezó la Historia.» (Mensaje 115)

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