El primero de noviembre se celebra la fiesta de todos los santos, aquellos que llegaron a la contemplación de la Luz inaccesible.
Comienzan a faltar las palabras cuando hablamos de los misterios divinos, tal como lo expresó San Pablo en una de sus experiencias místicas:
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| Dionisio Areopagita y el eclipse de sol. Antoine Caron, 1541 (Museo Getty. Los Ángeles). |
El ser humano reconoce sin dificultades la existencia de los seres, pero se pregunta siempre por sus esencias. Es la elemental pregunta del niño de unos años: ¿Qué es eso? Su respuesta es la esencia de lo que preguntó.
El problema es que aquí reconocemos la existencia divina, la cual está al alcance de todo hombre, aún de aquellos que la niegan, pero es imposible reconocer su total esencia.
San Buenaventura muestra la paradoja de esta Luz, que por un lado es inaccesible y por el otro lado ferozmente cercana:
Esta luz es inaccesible, y, con todo, cercana al alma, aun más que ella a sí misma. Es también inasible (inalligabilis), y, con todo, sumamente íntima. 1
¿Cómo es posible romper nuestro distanciamiento y llegar a ella, la cual está tan cercana? Es lo que se plantea un escrito del siglo XIV, The Cloud of Unknowing, y busca traspasar este límite con la contemplación.
Muy claro será esto para el Pseudo Dionisio Areopagita quien inicia su Teología Mística con esta oración:
Trinidad supraesencial (ὑπερούσιε), supradivina (ὑπέρθεε) y suprabondad (ὑπεράγαθε), maestra que supervisas la divina sabiduría cristiana, ...
Sabemos de la existencia divina, pero no podemos abarcar plenamente lo que es. La divinidad lo supera todo, está más allá de la simple esencia de las cosas y reiteramos que esta es la causa de emplear neologismos o palabras nuevas para indicar dichas realidades, porque estas esencias son sombras, son un exemplar para indicar la supraesencia divina, la cual es imposible de abarcar plenamente. Por este motivo el pseudo Dionisio no habla de esencia divina, sino de supraesencia (υπερούσιος). Lo mismo se dice de las otras ideas humanas. La idea de divinidad es rebalsada por la supradivinidad y va más allá del significado de la idea de bondad, es la suprabondad.
La existencia divina es unívoca, y plenamente captada por todo ser humano, a tal punto, que es más fácil aceptar su existencia que negarla; pero la idea de la esencia divina y de sus atributos es menos que análoga, pues las analogías nos dan tan solo una fugaz sombra de ella.
Es aquí donde cobra sentido el Capítulo V del Pseudo Dionisio:
Decimos, pues, que la Causa del todo que todo lo transciende, no es esencia, ni sin vida, ni sin palabras (ἄλογος), ni sin concepto (ἄνους); no es cuerpo, ni figura, ni género, ni cualidad, ni cantidad, ni peso, ni volumen; no está en ningún lugar definido; ni es visto, ni viene en tacto; ni siente ni se alcanza por los sentidos, ni se molesta; no sufre desorden ni perturbación por pasiones materiales; ni por debilidad está sometido en pasiones sensibles; no necesita luz, ni experimenta alteración o mutación, ni corrupción, ni decaimiento, ni privación, ni división, ni fluido, ni nada de lo que sufren las cosas sensibles, ni tampoco es algo de estas.
Esta es la Luz inaccesible, la cual se presenta como una tiniebla producida por un feroz exceso de Luz. Dios Padre, Luz inaccesible, existe en la luminosa-tiniebla divina.
Afirma el Éxodo, que Moisés en el desierto y al frente de su pueblo, ingresó en la tiniebla divina: Estuvo el pueblo a lo lejos; pero Moisés entró en las tinieblas (עֲרָפֶ֔ל - γνοφον) donde estaba Dios. (Éx 20,21).
Sobre esto medita el Pseudo Dionisio:
No en vano, efectivamente, el divino Moisés recibe el mandato de purificarse él primeramente, y demás, que se apartara de los que no lo estuvieran, y después de haberse purificado del todo pudo escuchar las trompetas de varios sonidos y pudo ver muchas luces que fulguraban puros y abundantes rayos; después se separó de la multitud y acompañado de los sacerdotes elegidos se encaminó a la cumbre del monte santo.
Aunque ciertamente no se encontró en el mismo Dios en persona y no le pudo ver, pues es invisible, sino con el lugar donde Él mora. Y yo pienso que esto quiere indicar que las cosas más santas y sublimes que vemos y pensamos son meros razonamientos hipotéticos para poder explicar al que todo lo trasciende. Por ellos se hace manifiesta su presencia, que supera toda imaginación, que camina por las alturas inteligibles de sus santísimos lugares.
Y solamente entonces se ve libre de esas cosas vistas y también de las que ven y penetra en las tinieblas realmente misteriosas del no-saber, y allí cierra los ojos a todas las percepciones cognitivas y se abisma en lo totalmente incomprensible e invisible, abandonado por completo en el que está más allá de todo y es de nadie, ni de sí mismo ni de otro, pero renunciando a todo conocimiento, queda unido en la parte más noble de su ser con Aquel que es totalmente incognoscible y por el hecho de no conocer nada, entiende por encima de toda inteligencia. (Teología Mística Cap. I)
Estas misteriosas tinieblas del no saber, darán origen en Alemania a la famosa nube del no saber, idea altamente especulativa, sobre la cual se posicionarán los místicos, como Nicolás de Cusa en su obra La Docta Ignorancia.
Por su parte en Inglaterra, como ya presentamos, un monje escribirá La Nube del Desconocimiento, The Cloud of Unknowing. Un tratado para llevar los iniciados a través de dicha nube, mediante la contemplación. Obra que puede leerse desde este link.
En España nacerá toda una corriente mística que puede observarse ya con fray Bernardino de Laredo (1482-1540) en La Subida al Monte Sión, y desembocará en el tema de la noche obscura de San Juan de la Cruz.
Es el mismo San Pablo, quien al hablar de la divinidad se expide en esta oración reconociendo a Dios como el único inmortal, que habita una luz inaccesible (φως οικων απροσιτον), a quien ningún hombre vio ni puede ver, al cual el honor y el imperio eterno. Amén. (1 Tim 6,16)
San Juan de la Cruz (1542-1591), escribe mientras fue prisionero de los carmelitas calzados, el Cantar del alma que se huelga de conocer a Dios por fe:
Que bien sé yo la fonte que mana y corre, aunque es de noche.
1 Aquella eterna fonte está escondida,
que bien sé yo do tiene su manida,
aunque es de noche.
2 Su origen no lo sé, pues no le tiene,
mas sé que todo origen de ella viene,
aunque es de noche,
3 Sé que no puede ser cosa tan bella,
y que cielos y tierra beben della,
aunque es de noche.
4 Bien sé que suelo en ella no se halla,
y que ninguno puede vadealla,
aunque es de noche.
5 Su claridad nunca es oscurecida,
y sé que toda luz de ella es venida,
aunque es de noche.
6 Sé ser tan caudalosos sus corrientes,
que infiernos, cielos riegan, y las gentes,
aunque es de noche.
7 El corriente que nace de esta fuente,
bien sé que es tan capaz y omnipotente,
aunque es de noche.
8 El corriente que de estas dos procede,
sé que ninguna de ellas le precede,
aunque es de noche.
9 Aquesta eterna fonte está escondida
en este vivo pan por darnos vida,
aunque es de noche.
10 Aquí se está llamando a las criaturas,
y de esta agua se hartan, aunque a oscuras,
porque es de noche.
11 Aquesta viva fuente que deseo,
en este pan de vida yo la veo,
aunque es de noche.
En once estrofas, canta a la divinidad, como fuente (fonte). Ya en la primera estrofa, la fuente es el Dios Padre. En la segunda estrofa, dicha fuente es apofática, pues se ignora su origen, pero de ella beben todos, tanto los cielos como la tierra. Esta fonte produce una corriente acuosa, cuya descripción se cierra con la eucaristía, pero siempre dentro de la noche, es decir, dentro de la nube del no saber, en la oscuridad de lo apofático.
Xavier Zubiri (1898-1983) dirá que ...su ser, que es infinito, es infinitamente extático; tiende a comunicarse como fuente infinita (πηγή), … 3 Aquí radica la importancia de la “fonte” de San Juan de la Cruz. Sus aguas surgidas en lo inaccesible, llegan a lo accesible brindando la existencia a todo el universo.
Este conocimiento de la fonte infinita (πηγή) es oscuro, y Zubiri concluirá, que solo es posible tomar o asir esta oscuridad, esta noche, solo desde la bondad:
En Dios precisamente asistimos a la raíz pura del ser, y, por tanto, en Él no puede entenderse el ser sino desde la bondad. 4
Esta es la causa primordial, por la cual se niega a Dios. El ser humano que niega su propia bondad haciendo el mal, no puede alcanzar a Dios que es suprabondad; acto seguido, lo niega. Es la coherencia del hombre impío y es la explicación de la Escritura Sagrada:
Y el juicio consiste en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo el que obra mal, aborrece la luz, y no viene a la luz por que tus obras no sean reprendidas. (Juan 3, 19-20)
Oración
Al contemplar este misterio, solo nos resta orar con el Pseudo Dionisio:
Guíanos a la supradesconocida y suprailuminada cima más alta de las Escrituras místicas; allí donde están cubiertos en la hisijía-silencio los misterios de la teología y se revelan, simples, absolutos e inmutables; llévanos al suprailuminada tiniebla del silencio místico que con su profunda oscuridad suprailumina con su luz increada, y permaneciendo intocable e invisible, inunda con hermosísimos fulgores a los ángeles y a nuestros ciegos conceptos.
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1 ln Hexæ. XII, t, V, p. 386.
2 Personas divinas
3 Xavier Zubiri. El Ser Sobrenatural.
4 Ibídem.





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