En la
homilía, pronunciada en la víspera del 50 aniversario de su
ordenación sacerdotal, Bergoglio, hizo un titánico esfuerzo para
reducir la siempre Virgen María a una mujer cualquiera, llamando
indirectamente “tontos” a los que la ensalzan y buscan
desarrollar el misterio mariano.
Ante
este planteo, quisiera ser en este análisis el más “tonto” de
los “tontos”; porque como dice San Pablo:
Lo
que parece una locura en los misterios de Dios, es mayor sabiduría
que la de todos los hombres; y lo que parece debilidad en Dios, es
más fuerte que toda la fortaleza de los hombres. (1Cor.1,25)
En mi
gran tontería, leo un artículo de Clarín, periódico siempre
alineado a lo políticamente correcto, de acuerdo con los postulados
internacionales. En el mismo se destaca un artículo, con una
fotografía de lo que llaman pesebre, regalado a Bergoglio, con
motivo de cumplir 83 años.
Este
porteño llevó a este supuesto papado, la “viveza criolla”, por
cuyo motivo me inclino ante este “gran vivo”, quien afirmó que
el pesebre regalado era un pesebre “especial”.
Por
tal motivo, como soy un “tonto”, aprendo del “vivo” Bergoglio
sus clases de discernimiento, y por esto debo decir que este ya no es
un pesebre cualquiera, no es el pesebre de los “tontos” como yo;
sino que es el pesebre de los “vivos” como él.
¿Qué
tiene de especial este pesebre de los “vivos”, si es que es un
pesebre?
Como
se observa, la Virgen María duerme y San José con cara de estúpido,
intenta hacer dormir al niño Dios.
Algo
muy “especial”. ¿Por qué motivo?
Decía
Nietzsche que Dios había muerto, lo cual no era sino la comprobación
que en la sociedad, Dios ya no existía. Nietzsche era otro “vivo”,
que murió luego de padecer una profunda demencia.
El
sueño es una hermosa imagen de la muerte. Si la Virgen duerme, es
que prácticamente está muerta, si el niño Dios duerme, es que Dios
está muerto. Si el niño Dios duerme, en estas Navidades Dios está
muerto. He aquí el pesebre especial del “vivo” Bergoglio. Como
se puede observar, Clarín envía siempre sus mensajes “políticamente
correctos” a sus lectores, y lo correcto es dormir a Dios.
Mientras
los apóstoles despertaron a Jesucristo quien dormía en la barca en
plena tempestad (Cfr. Mat. 8,23-27), el “vivo” Bergoglio, quien
muchas veces se identifica por su devoción a San José, lo duerme.
En el Salmo 43, imprecamos todo lo opuesto:
Levántate,
¡oh Señor!, ¿por qué haces como que duermes? Levántate, y no nos
desampares para siempre. (v.22)
¿Acaso
no es esto “especial”?
¿Pero
cómo logramos dormir a Dios?
Una de
los modos es dejando de hablar y sacudiendo la Barca de la Iglesia,
como la sacude el mar, para que el niño Dios deje de llorar. Sin
palabras, sin enseñanza, sin contenido, nadie piensa, y es lo que se
produjo en estos años del pseudo papado bergogliano. No hablar de la
Verdad. De este modo la Iglesia se ha transformado en una estructura
totalmente hueca, como lo es un caño. Muy firme por fuera,
totalmente vacía por dentro, pues carece de contenido; y por este
caño bergogliano, pasa de todo: pasa el ecologismo, pasan las
letanías a los inmigrantes, pasa el calentamiento global, pasa Greta
con los cretinos, y por último, pasó hasta la diosa Pachamama.
A la
Virgen, Bergoglio la durmió al hablar sobre Nuestra Señora de
Guadalupe este doce de diciembre, diciendo:
María:
mujer y madre; y el tercer adjetivo que yo le
diría, mirándola, se nos quiso mestiza.
Los
adjetivos expresan una cualidad o un accidente. Ser Madre o ser Mujer
son accidentes reales, pero el ser mestiza es una analogía no un
adjetivo real, y las analogías no son reales. Sin embargo para AICA,
agencia del episcopado argentino, el cual es el más bergogliano del
mundo, esto es una definición:
El
papa Francisco definió hoy, 12 de diciembre, a la Virgen María como
"señora, madre y mestiza"...
Dice
el diccionario de filosofía de Ferrater Mora:
Por eso definir no
es lo mismo que discernir. Ahora bien, mientras la acción de
discernir supone comprobación empírica de la Verdad o falsedad del
objeto considerado, la de definir supone delimitación intelectual de
su esencia.
Esto
para Bergoglio es demasiado elevado, su cerebro no puede digerir
conceptos de este nivel, pues odia el pensamiento. ¿Cómo vaciamos
la iglesia si nos ponemos a pensar? Lo que importa son las acciones,
la praxis, no el pensamiento; y mucho menos el dogma, porque con la
praxis podemos cambiar la iglesia, con el dogma, o sea meditando y
precisando los misterios, es imposible.
Lógicamente
para el gran discernidor de Bergoglio, definir sería igual
que discernir y un adjetivo de orden real, es igual a
una analogía. Realmente, que “vivos” son estos criollos.
Ahora
es cuestión de dormir el catolicismo; ¿y cómo se consigue esto?
Invirtiendo los términos. Si lo que antes se buscaba era elevar por
la Gracia al hombre hasta la categoría de Dios, ahora lo que se
busca es descender a Dios hasta la categoría de un simple y vulgar
hombre. Por eso dice el “vivo” Bergoglio:
...Dios
vino hasta nosotros, nació en nosotros, nos acompaña en la vida, es
hombre como nosotros, se hizo hombre como nosotros.
Y más:
...las
familias son un pesebre viviente: ¡Cuántos de ustedes deben
turnarse en la noche entre marido y mujer por el niño, la niña, que
llora, y llora, llora!.
Esta
es la iglesia bergogliana, esta es la iglesia de la oquedad; la
iglesia de lo profano, la iglesia antropológica, donde el hombre es
el centro del universo; la iglesia donde la Gracia ya no existe, y
donde Dios si no se muere, al menos tratemos de dormirlo ya que se la
pasa llorando por esta humanidad insensata.
Las
siete antífonas mayores que se cantan antes de Navidad, donde todas
terminan pidiendo la segunda venida del Señor, muestran un contraste
violento con esta realidad, donde Jesucristo llega, pero encuentra a
su iglesia durmiendo, tal como vemos en este pesebre “especial”;
y para colmo de males, se está como las vírgenes necias que no
tenían aceite en las alcuzas (Cfr. Mat. 25), porque en vez de
aceite, se nos vende el calentamiento global, los inmigrantes, Greta
y la Pachamama.
Y todo
esto sucede, pues como dice San Pablo:
El
hombre animal no puede hacerse capaz de las cosas que son del
Espíritu de Dios; pues para él todas son una necedad, y no puede
entenderlas, porque hay que juzgarlas espiritualmente.
(1Cor.2,14)
Cuando
venga el Hijo del hombre en estas Navidades, ¿encontrará fe sobre
la tierra? (Cfr. Mat. 24)

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