Escribe
Pío XI en su Carta encíclica “Quas primas”:
En la
primera encíclica, que al comenzar nuestro Pontificado enviamos a
todos los obispos del orbe católico, analizábamos las causas
supremas de las calamidades que veíamos abrumar y afligir al género
humano. Y en ella proclamamos Nos claramente no sólo que este cúmulo
de males había invadido la tierra, porque la mayoría de los hombres
se habían alejado de Jesucristo y de su ley santísima, así en su
vida y costumbres como en la familia y en la gobernación del Estado,
sino también que nunca resplandecería una esperanza cierta de paz
verdadera entre los pueblos mientras los individuos y las naciones
negasen y rechazasen el imperio de nuestro Salvador.
…
(6) Ha
sido costumbre muy general y antigua llamar Rey a Jesucristo, en
sentido metafórico, a causa del supremo grado de excelencia que
posee y que le encumbra entre todas las cosas creadas. Así, se dice
que reina en las inteligencias de los hombres, no tanto por el
sublime y altísimo grado de su ciencia cuanto porque El es la Verdad
y porque los hombres necesitan beber de El y recibir obedientemente
la verdad. Se dice también que reina en las voluntades de los
hombres, no sólo porque en El la voluntad humana está entera y
perfectamente sometida a la santa voluntad divina, sino también
porque con sus mociones e inspiraciones influye en nuestra libre
voluntad y la enciende en nobilísimos propósitos. Finalmente, se
dice con verdad que Cristo reina en los corazones de los hombres
porque, con su supereminente caridad[1] y con su mansedumbre y
benignidad, se hace amar por las almas de manera que jamás nadie
—entre todos los nacidos— ha sido ni será nunca tan amado como
Cristo Jesús. Mas, entrando ahora de lleno en el asunto, es evidente
que también en sentido propio y estricto le pertenece a Jesucristo
como hombre el título y la potestad de Rey; pues sólo en cuanto
hombre se dice de El que recibió del Padre la potestad, el honor y
el reino[2]; porque como Verbo de Dios, cuya sustancia es idéntica a
la del Padre, no puede menos de tener común con él lo que es propio
de la divinidad y, por tanto, poseer también como el Padre el mismo
imperio supremo y absolutísimo sobre todas las criaturas.
...
(15)
Por otra parte, erraría gravemente el que negase a Cristo-Hombre el
poder sobre todas las cosas humanas y temporales, puesto que el Padre
le confirió un derecho absolutísimo sobre las cosas creadas, de tal
suerte que todas están sometidas a su arbitrio. Sin embargo de ello,
mientras vivió sobre la tierra se abstuvo enteramente de ejercitar
este poder, y así como entonces despreció la posesión y el cuidado
de las cosas humanas, así también permitió, y sigue permitiendo,
que los poseedores de ellas las utilicen.
...
(30)
Por tanto, con nuestra autoridad apostólica, instituimos la fiesta
de nuestro Señor Jesucristo Rey, y decretamos que se celebre en
todas las partes de la tierra el último domingo de octubre, esto es,
el domingo que inmediatamente antecede a la festividad de Todos los
Santos. Asimismo ordenamos que en ese día se renueve todos los
años la consagración de todo el género humano al Sacratísimo
Corazón de Jesús, con la misma fórmula que nuestro predecesor, de
santa memoria, Pío X, mandó recitar anualmente.
Oración
a Cristo Rey por la Patria
Señor
Nuestro Jesucristo Rey de las Naciones y de los corazones. Dios que
todo lo creaste, lo redimiste, y has hecho a nuestro pueblo
cristiano; mira con ojos benévolos a ésta nuestra querida Patria
consagrada a Tu Santísima Madre y escucha a tus hijos que quieren
volver a Ti.
¡Oh
Rey! cristianos hemos nacido, y cristianos queremos ser.
Nuestra
Patria es su historia católica, y su destino de grandeza es llevar
Tu nombre como Bandera.
Atiéndenos,
Señor, en esta jornada aciaga, y, si está en Tu Santísima
Voluntad, aparta de nosotros este cáliz de amargura dándonos la
gracia de reconquistarte la Argentina.
Que tu
Madre, Reina nuestra, Conductora y Vencedora en la Lucha Final,
aplaste la cabeza del enemigo que avanza extendiendo su Poder
Internacional.
Que el
Ángel que custodia nuestro suelo aparte de nosotros la perfidia
sionista, el terror comunista y la siniestra masonería.
Aniquilen
Tus Arcángeles a las Sectas Invasoras, y guarden a nuestras
juventudes de la corrupción mental y moral.
Pero
no se haga nuestra voluntad, sino la Tuya; y si prefieres para
nosotros la noche oscura de una pasión nacional. Te pedimos, Rey de
los Reyes, no permitas que tu pueblo sea traidor.
Antes
prepáranos y danos el triunfar en el martirio, para la Gloria de Tu
Divina Majestad, en reparación por tanta historia laica, y para que,
bajo el Manto de la Virgen Soberana, Te adoremos en la Patria Eterna,
con los que lucharon por Ti.


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