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Lecturas del 16 de septiembre


Estas son las lecturas leídas el 16 de septiembre:
1. Evangelio según San Marcos (15,33-41)
La muerte de Jesùs
Llegada la hora sexta, hubo oscuridad sobre la tierra hasta la hora de nona.
Y a la hora de nona gritó Jesús con fuerte voz:
– “Eloí, Eloí, ¿lama sabachtaní?”
Que quiere decir:
– “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”
Algunos de los presentes, oyéndole decían: Mirad, llama a Elias.
Corrió uno, empapó una esponja en vinagre, la puso en una caña y se la dio a beber, diciendo:
Dejad, veamos si viene Elias a bajarle.
Jesús, dando una voz fuerte, expiró.
Y el velo del templo se partió en dos partes de arriba abajo.
Viendo el centurión, que estaba frente a El, de qué manera expiraba, dijo:
Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.
Había también unas mujeres que de lejos le miraban, entre las cuales estaba María Magdalena, y María la madre de Santiago el Menor y de José, y Salomé, las cuales, cuando Él estaba en Galilea, le seguían y le servían, y otras muchas que habían subido con Él a Jerusalén.


2. El libro de Tobías (6,14-19.)
Un hijo obediente.
Tobías dijo a Rafael:
Hermano Azarías, he oído decir que ella se ha casado siete veces, y que todos sus maridos han muerto la noche misma de la boda, apenas se acercaban a ella. También he oído decir que es un demonio el que los mataba. Yo tengo miedo, ya que a ella no le hace ningún mal, porque la ama, pero mata a todo el que intenta tener relaciones con ella. Yo soy hijo único, y si muero, mi padre y mi madre bajarán a la tumba llenos de dolor por mi causa. Y ellos no tienen otro hijo que les dé sepultura.
El ángel le dijo:
¿No recuerdas que tu padre te recomendó casarte con una mujer de tu familia? Escúchame bien, hermano. No te preocupes de ese demonio y cásate con ella. Estoy seguro de que esta noche te la darán por esposa. Pero eso sí, cuando entres en la habitación, toma una parte del hígado y del corazón del pez, y colócalos sobre el brasero de los perfumes. Entonces se extenderá el olor, y cuando el demonio lo huela, huirá y nunca más aparecerá a su lado. Antes de tener relaciones con ella, levántense primero los dos para orar y supliquen al Señor del cielo que tenga misericordia de ustedes y los salve. No tengas miedo, porque ella está destinada para ti desde siempre y eres tú el que debe salvarla. Ella te seguirá, y yo presiento que te dará hijos que serán para ti como hermanos. No te preocupes.
Cuando Tobías oyó decir esto a Rafael y supo que Sara era hermana suya, de la misma descendencia que la familia de su padre, la amó intensamente y se enamoró de ella.


3. Salmo 35
Maldad del pecador y bondad de Dios
El malvado escucha en su interior * un oráculo del pecado:
"No tengo miedo a Dios, * ni en su presencia".
Porque se hace la ilusión de que su culpa * no será descubierta ni aborrecida.
Las palabras de su boca son maldad y traición, * renuncia a ser sensato y a obrar bien;
Acostado medita el crimen, † se obstina en el mal camino, * no rechaza la maldad.
Señor, tu misericordia llega al cielo, * tu fidelidad hasta las nubes;
Tu justicia hasta las altas cordilleras, * tus sentencias son como el océano inmenso.
Tú socorres a hombres y animales; † ¡qué inapreciable es tu misericordia, oh Dios!, * los humanos se acogen a la sombra de tus alas.
Se nutren de lo sabroso de tu casa, * les das a beber del torrente de tus delicias,
Porque en ti está la fuente viva, * y tu luz nos hace ver la luz.
Prolonga tu misericordia con los que te reconocen, * tu justicia con los rectos de corazón;
Que no me pisotee el pie del soberbio, * que no me eche fuera la mano del malvado.
Han fracasado los malhechores; * derribados, no se pueden levantar.


4. El profeta Jeremías (32, 26-35)
Respuesta de Dios a Jeremías
Entonces respondió el Señor a Jeremías, diciendo:
Mira, yo soy el Señor Dios de todos los mortales: ¿Habrá por ventura cosa ninguna difícil para mí?
Por tanto, esto dice el Señor:
Sábete que yo voy a entregar esta ciudad en manos de los caldeos y en poder del rey de Babilonia, y la rendirán.
Y entrarán los caldeos con espada en mano en esta ciudad, y le pegarán fuego, y la quemarán con las casas en cuyos terrados se ofrecían sacrificios a Baal y libaciones a dioses ajenos para irritarme.
Porque ya desde su mocedad los hijos de Israel y los hijos de Judá están continuamente obrando mal delante de mis ojos; los hijos de Israel, digo, que hasta ahora no hacen sino exasperarme con las obras de sus manos, dice el Señor.
De suerte que esta ciudad se ha hecho para mí objeto de furor y de la indignación mía, desde el día en que fue edificada hasta el día presente, en que será borrada de delante de mis ojos.
Por la maldad de los hijos de Israel y de los hijos de Judá, cometida cuando me provocaron a ira ellos, y sus reyes, y sus príncipes, y sus sacerdotes, y sus profetas, los varones de Judá y los habitantes de Jerusalén; y volvieron hacia mí sus espaldas y no su cara, cuando yo desde la mañana los instruía y los avisaba, no queriendo ellos escuchar ni recibir la corrección; y antes bien colocaron sus ídolos en la casa en que se invoca mi santo Nombre, a fin de profanarla; y erigieron altares a Baal en el valle del hijo de Ennom para consagrar o sacrificar sus hijos y sus hijas al ídolo Moloc, cosa que yo jamás les mandé para mí, ni me pasó por el pensamiento que ellos hicieran tal abominación, e indujesen a Judá a tan abominable pecado.


5. El profeta Damiel (2, 8-23)
El rey respondió diciendo:
Veo claro que ponéis dilaciones, porque veis que la cosa se me ha ido. Si no me decís el sueño, caerá sobre todos vosotros la misma sentencia. De cierto que pretendéis prepararos para decirme falsedades y mentiras mientras pasa el tiempo. Decid, pues, el sueño y conoceré que sois capaces de darme su interpretación.
Los caldeos respondieron al rey, diciéndole:
No hay hombre sobre la tierra que pueda decir lo que el rey pretende; jamás tampoco rey alguno, por grande y poderoso que fuese, exigió cosa semejante de mago, astrólogo o caldeo. Lo que pide el rey es imposible, y no hay nadie que al rey pueda decírselo, a no ser los dioses, que no moran entre los hombres.
El rey, con ira y gran furor, mandó matar a todos los sabios de Babilonia. Publicóse la orden, y ya iban a ser llevados a la muerte los sabios, y buscaban también a Daniel y a sus compañeros para matarlos.
Habló entonces Daniel avisada y prudentemente a Arioj, capitán de la guardia del rey, que había salido para matar a los sabios de Babilonia. Habló y dijo a Arioj, capitán del rey:
¿Por qué esta orden del rey tan rigurosa?
Entonces explicó Arioj la cosa a Daniel, y Daniel, entrando al rey, le pidió que le diese tiempo y daría al rey la declaración.
Fue luego Daniel a su casa y comunicó el asunto a Ananías, Misael y Azarías, sus compañeros, instándoles a pedir al Dios de los cielos que les revelase aquel misterio para que no hiciese perecer a Daniel y a sus compañeros con el resto de los sabios de Babilonia.
Entonces el misterio fue revelado a Daniel en visión nocturna, por lo cual Daniel bendijo al Dios de los cielos, diciendo:
Bendito sea el nombre de Dios de siglos en siglos, porque suya es la sabiduría y la fuerza. Él es quien ordena los tiempos y las circunstancias, depone reyes y los entroniza, da la sabiduría a los sabios, y la ciencia a los entendidos. Él revela lo profundo y lo oculto, conoce lo que está en tinieblas, y con Él mora la luz. A ti, Dios de mis padres, te confieso y te alabo, que me has dado sabiduría y fortaleza, y me has dado a conocer lo que te hemos pedido, y nos has revelado el secreto del rey.
6 Evangelio según San Juan (14, 1-31)
No se turbe vuestro corazón. Pues creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones; que si no fuese así, os lo hubiera yo dicho. Yo voy a preparar lugar para vosotros. Y cuando haya ido, y os haya preparado lugar, vendré otra vez, y os llevaré conmigo, para que donde yo estoy, estéis también vosotros. Que ya sabéis adónde voy, y sabéis asimismo el camino.
Le dijo Tomás:
Señor, no sabemos adónde vas; pues ¿cómo podemos saber el camino?
Le respondió Jesús
Yo soy el camino, la verdad, y la vida: Nadie viene al Padre sino por mí. Si me hubieses conocido a mí, hubierais sin duda conocido también a mi Padre; pero le conoceréis, y ya le habéis visto en cierto modo.
Le dijo Felipe:
Señor, muéstranos al Padre, y eso nos basta.
Jesús le responde:
Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, ¿y aún no me habéis conocido? Felipe, quien me ve a mí, ve también al Padre. ¿Pues cómo dices tú: Muéstranos al Padre? ¿No creéis que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo de mí mismo. El Padre que está en mí, él mismo hace conmigo las obras que yo hago. ¿Cómo no creéis que yo estoy en el Padre, y que el Padre está en mí? Creedlo al menos por las obras que yo hago. En verdad, en verdad os digo, que quien cree en mí, ése hará también las obras que yo hago, y las hará todavía mayores; por cuanto yo me voy al Padre. Y cuando pidiereis al Padre en mi nombre, yo lo haré, a fin de que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré. Si me amáis, observad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro consuelo y abogado, para que esté con vosotros eternamente, a saber, el Espíritu de verdad, a quien el mundo, o el hombre mundano, no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conoceréis, porque morará con vosotros, y estará dentro de vosotros. No os dejaré huérfanos: yo volveré a vosotros. Aún resta un poco de tiempo; después del cual el mundo ya no me verá. Pero vosotros me veréis, porque yo vivo, y vosotros viviréis. Entonces conoceréis vosotros que yo estoy en mi Padre, y que vosotros estáis en mí, y yo en vosotros. Quien ha recibido mis mandamientos, y los observa, ése es el que me ama. Y el que me ama, será amado de mi Padre; y yo le amaré, y yo mismo me manifestaré a él.
Le dijo Judas, no el Iscariote:
Señor, ¿qué causa hay para que te hayas de manifestar claramente a nosotros, y no al mundo?
Jesús le respondió así:
Cualquiera que me ama, observará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos mansión dentro de él. Pero el que no me ama, no practica mi palabra. Y la palabra que habéis oído, no es solamente mía, sino del Padre, que me ha enviado. Estas cosas os he dicho, conversando con vosotros. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, que mi Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo, y os recordará cuantas cosas os tengo dichas.
La paz os dejo, la paz mía os doy; no os la doy yo, como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón, ni se acobarde. Habéis oído que os he dicho: Me voy, y vuelvo a vosotros. Si me amaseis, os alegraríais sin duda de que voy al Padre; porque el Padre es mayor que yo. Yo os lo digo ahora antes que suceda, a fin de que cuando sucediere, os confirméis en la fe. Ya no hablaré mucho con vosotros, porque viene el príncipe de este mundo, aunque no hay en mí cosa que le pertenezca. Mas para que conozca el mundo que yo amo al Padre, y que cumplo con lo que me ha mandado, levantaos, y vamos de aquí.


7. Salmo 79.
Oh Dios, manifiéstate.
Pastor de Israel, escucha, * tú que guías a José como a un rebaño;
Tú que te sientas sobre querubines, resplandece * ante Efraín, Benjamín y Manasés;
Despierta tu poder * y ven a salvarnos.
Oh Dios, restáuranos, * que brille tu rostro y nos salve.
Señor, Dios de los ejércitos, † ¿hasta cuando estarás airado * mientras tu pueblo te suplica?
Les diste a comer llanto, * a beber lágrimas a tragos;
Nos entregaste a las contiendas de nuestros vecinos, * nuestros enemigos se burlan de nosotros.
Dios de los ejércitos, restáuranos, * que brille tu rostro y nos salve.
Sacaste una vid de Egipto, * expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste;
Le preparaste el terreno, y echó raíces * hasta llenar el país;
Su sombra cubría las montañas, * y sus pámpanos, los cedros altísimos;
Extendió sus sarmientos hasta el mar, * y sus brotes hasta el Gran Río.
¿Por qué has derribado su cerca * para que la saqueen los viandantes,
La pisoteen los jabalíes * y se la coman las alimañas?
Dios de los ejércitos, vuélvete: * mira desde el cielo, fíjate,
Ven a visitar tu viña, † la cepa que tu diestra plantó * y que tú hiciste vigorosa.
La han talado y le han prendido fuego; * con un bramido hazlos perecer.
Que tu mano proteja a tu escogido, * al hombre que tú fortaleciste.
No nos alejaremos de ti: * danos vida, para que invoquemos tu nombre.
Señor, Dios de los ejércitos, restáuranos, * que brille tu rostro y nos salve.


8. El profeta Isaías (54)
Restauración de Sión.
Regocíjate, pues, ¡oh estéril!, tú que no pares; canta himnos de alabanza y de júbilo tú que no eres fecunda, porque ya son muchos más los hijos de la que había sido desechada, que los de aquella que tenía marido, dice el Señor. Toma un sitio más espacioso para tus tiendas, y extiende cuanto puedas las pieles de tus pabellones, alarga tus cuerdas, y afianza más tus estacas. Porque tú te extenderás a la derecha y a la izquierda; y tu prole señoreará las naciones, poblará las ciudades ahora desiertas.
No temas, no quedarás confundida, ni sonrojada, ni tendrás de qué avergonzarte; porque ni memoria conservarás de la confusión de tu mocedad, ni te acordarás más del oprobio de tu viudez. Pues será tu dueño y esposo aquel Señor que te ha creado, cuyo nombre es el Señor de los ejércitos; y tu redentor, el Santo de Israel, será llamado el Dios de toda la tierra.
Porque el Señor te ha llamado a sí cuando eras como una mujer desechada, y angustiada de espíritu, como una mujer que ha sido repudiada desde su tierna edad, dice tu Dios. En efecto, por un momento, por poco tiempo te desamparé, dice el Señor; mas ahora yo te reuniré a mí, usando de gran misericordia. En el momento de mi indignación aparté de ti mi rostro por un poco; pero en seguida me he compadecido de ti con eterna misericordia, dice el Señor que te ha redimido. Hago lo que en los días de Noé, a quien juré que no derramaría más sobre la tierra las aguas del diluvio, así yo juro no enojarme contigo ni vituperarte más. Aun cuando los montes sean conmovidos, y se estremezcan los collados, mi misericordia no se apartará de ti, y será firme la alianza de paz que he hecho contigo, dice el Señor, compadecido de ti.
Pobrecilla, combatida tanto tiempo de la tempestad, privada de todo consuelo. Mira, yo mismo colocaré por orden las piedras, y te edificaré sobre zafiros, y haré de jaspe tus baluartes, y de piedras de relieve tus puertas, y de piedras preciosas todos tus recintos. Tus hijos todos serán adoctrinados por el mismo Señor, y gozarán abundancia de paz, o completa prosperidad. Y tendrás por cimientos la justicia; estarás segura de la opresión, y no tendrás que temerla; y del espanto, el cual no tendrá lugar en ti.
He aquí que vendrá el forastero que no estaba conmigo; se unirá contigo aquel que en otro tiempo era para ti extranjero. Sábete que yo he creado el herrero que soplando con los fuelles enciende los carbones para formar un instrumento para la obra suya, y yo creé también al matador que lo emplea después para matar a los hombres. Ningún instrumento preparado contra ti te hará daño; y tú condenarás toda lengua que se presente en juicio contra ti. Esta es la herencia de los siervos del Señor, y ésta es la justicia que deben esperar de mí, dice el Señor.


9. Evangelio según San Lucas (24, 36,43)
Jesús aparece a los apóstoles
Mientras estaban hablando de estas cosas, se presentó Jesús en medio de ellos, y les dijo:
La paz sea con vosotros: Soy yo, no temáis.
Ellos, atónitos, y atemorizados, se imaginaban ver a algún espíritu. Y Jesús les dijo:
¿De qué os asustáis y por qué dais lugar en vuestro corazón a tales pensamientos? Mirad mis manos y mis pies, yo mismo soy, palpad, y considerad que un espíritu no tiene carne, ni huesos, como vosotros veis que yo tengo.
Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Mas como ellos aún no lo acabasen de creer, estando como estaban fuera de sí de gozo y de admiración, les dijo:
¿Tenéis aquí algo de comer?
Ellos le presentaron un pedazo de pez asado y un panal de miel. Comido que hubo delante de ellos, tomando las sobras se las dio.


10. Evangelio según San Juan (9, 1-41)
Jesús sana a un ciego de nacimiento.
Al pasar vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento Y sus díscipulos le preguntaron:
Maestro, ¿qué pecados son la causa de que éste haya nacido ciego, los suyos, o los de sus padres?
Respondió Jesús No es por culpa de éste, ni de sus padres; sino para que las obras de Dios resplandezcan en él. Conviene que yo haga las obras de aquel que me ha enviado, mientras dura el día, viene la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, yo soy la luz del mundo.
Así que hubo dicho esto, escupió en tierra, y formó lodo con la saliva, y lo aplicó sobre los ojos del ciego, y le dijo: Anda, y lávate en la piscina de Siloé (palabra que significa el Enviado). Se fue, pues, y se lavó allí, y volvió con vista.
Por lo cual los vecinos, y los que antes le habían visto pedir limosna, decían:
¿No es éste aquel que sentado allá, pedía limosna?
Este es, – respondían algunos. Y otros decían:
No es él, sino alguno que se le parece.
Pero él decía:
Sí, que soy yo.
Le preguntaban, pues:
¿Cómo se te han abierto los ojos?
Respondió:
Aquel hombre que se llama Jesús, hizo un poquito de lodo, y lo aplicó a mis ojos, y me dijo: Ve a la piscina de Siloé, y lávate allí. Yo fui, me lavé, y veo.
Le preguntaron:
¿Dónde está ése?
Respondió:
No lo sé.
Llevaron, pues a los fariseos al que antes estaba ciego. Es de advertir que cuando Jesús formó el lodo y le abrió los ojos era día de sábado. Nuevamente, pues, los fariseos le preguntaban también cómo había logrado la vista. El les respondió:
Puso lodo sobre mis ojos, me lavé, y veo.
Sobre lo que decían algunos de los fariseos:
No es enviado de Dios este hombre, pues no guarda el sábado.
Otros, decían:
¿Cómo un hombre pecador puede hacer tales milagros?
Y había desacuerdo entre ellos. Dicen, pues, otra vez al ciego:
Y tú ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?
Respondió:
Que es un profeta.
Pero por lo mismo no creyeron los judíos que hubiese sido ciego, y recibido la vista, hasta que llamaron a sus padres; y les preguntaron:
¿Es éste vuestro hijo, de quien vosotros decís que nació ciego? Pues ¿cómo ve ahora?
Sus padres les respondieron, diciendo:
Sabemos que éste es hijo nuestro, y que nació ciego; pero cómo ahora ve, no lo sabemos; ni tampoco sabemos quién le ha abierto los ojos; preguntádselo a él, edad tiene, él dara razón de sí.
Esto dijeron sus padres por temor de los judíos; porque ya éstos habían decretado echar de la sinagoga a cualquiera que reconociese a Jesús por el Cristo, o Mesías. Llamaron, pues, otra vez al hombre que había sido ciego, y le dijeron:
Da gloria a Dios; nosotros sabemos que ese hombre es un pecador.
Mas él les respondió:
Si es pecador, yo no lo sé; sólo sé que yo antes era ciego, y ahora veo.
Le replicaron:
¿Qué hizo él contigo? ¿Cómo te abrió los ojos?
Les respondió:
Os lo he dicho ya, y lo habéis oído, ¿a qué fin queréis oírlo de nuevo? ¿Acaso será que también vosotros queréis haceros discípulos suyos?
Entonces le llenaron de maldiciones, y por fin le dijeron:
Tú seas su discípulo, que nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios; mas éste no sabemos de dónde es.
Respondió aquel hombre, y les dijo:
Aquí está la maravilla, que vosotros no sabéis de dónde es éste, y con todo ha abierto mis ojos, lo que sabemos es que Dios no oye a los pecadores; sino que aquel que honra a Dios y hace su voluntad, éste es a quien Dios oye. Desde que el mundo es mundo no se ha oído jamás que alguno haya abierto los ojos de un ciego de nacimiento. Si este hombre no fuese enviado de Dios, no podría hacer nada de lo que hace.
Le dijeron en respuesta:
Saliste del vientre de tu madre envuelto en pecado, ¿y tú nos das lecciones? – Y le arrojaron fuera.
Oyó Jesús que le habían echado fuera; y encontrándose con él, le dijo:
¿Crees tú en el Hijo de Dios?
Respondió él y dijo:
¿Quién es, Señor, para que yo crea en él?
Le dijo Jesús
Le viste ya, y es el mismo que está hablando contigo.
Entonces dijo él:
Creo, Señor.
Y postrándose a sus pies, le adoró.
Y añadió Jesús
Yo vine a este mundo a ejercer un justo juicio, para que los que no ven, vean, y los que ven queden ciegos.
Oyeron esto algunos de los fariseos, que estaban con él, y le dijeron:
Pues, ¿nosotros somos también ciegos?
Les respondió Jesús
Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; pero por lo mismo que decís: Nosotros vemos, y os juzgáis muy instruidos, por eso vuestro pecado persevera en vosotros.


11. Salmo 4.
Escúchame cuando te invoco, Dios, defensor mío; † Tú que en el aprieto me diste anchura, * ten piedad de mí y escucha mi oración.
Y vosotros, ¿hasta cuando ultrajaréis mi honor, * amaréis la falsedad y buscaréis el engaño?
Sabedlo: el Señor hizo milagros en mi favor, * y el Señor me escuchará cuando lo invoque.
Temblad y no pequéis, reflexionad * en el silencio de vuestro lecho;
Ofreced sacrificios legítimos * y confiad en el Señor.
Hay muchos que dicen: † "¿Quién nos hará ver la dicha, * si la luz de tu rostro ha huido de nosotros?"
Pero Tú, Señor, has puesto en mi corazón † más alegría * que si abundara en trigo y en vino.
En paz me acuesto y enseguida me duermo, * porque Tú solo, Señor, me haces vivir tranquilo.


12. Salmo 81.
Dios se levanta en la asamblea divina; * rodeado de ángeles, juzga:
«¿Hasta cuándo daréis sentencia injusta, * poniéndoos de parte del culpable?
Protejan al desvalido y al huérfano, * hagan justicia al humilde y al necesitado,
Defiendan al pobre y al indigente, * sacándolos de las manos del culpable.»
Ellos, ignorantes e insensatos, caminan a oscuras, * mientras vacilan los cimientos del orbe.
Yo declaro: «Aunque seáis dioses, * e hijos del Altísimo todos,
Moriréis como cualquier hombre, * caeréis, príncipes, como uno de tantos.»
Levántate, oh Dios, y juzga la tierra, * porque tú eres el dueño de todos los pueblos.


13. Evangelio según San Lucas (8,19-21)
Entretanto vinieron a encontrarle su madre y primos hermanos, y no pudiendo acercarse a él a causa del gentío, se lo avisaron, diciéndole:
Tu madre y tus hermanos están allá fuera que te quieren ver.
Pero él les dio esta respuesta:
Mi madre y mis hermanos son aquellos que escuchan la palabra de Dios y la practican.


14. Libro del Eclesiastés (3)
Todas las cosas tienen su tiempo, y todo lo que hay debajo del cielo pasa en el término que se le ha prescrito.
Hay tiempo de nacer y tiempo de morir; tiempo de plantar y tiempo de arrancar lo que se plantó.
Tiempo de dar muerte y tiempo de dar vida; tiempo de derribar y tiempo de edificar.
Tiempo de llorar y tiempo de reír; tiempo de luto y tiempo de gala.
Tiempo de esparcir piedras y tiempo de recogerlas; tiempo de abrazar y tiempo de alejarse de los abrazos.
Tiempo de ganar tiempo y tiempo de perder; tiempo de conservar y tiempo de arrojar.
Tiempo de rasgar y tiempo de coser; tiempo de callar y tiempo de hablar.
Tiempo de amor y tiempo de odio; tiempo de guerra y tiempo de paz.
Y al cabo, ¿qué fruto saca el hombre de su trabajo? 10 He visto la pena que ha dado Dios a los hijos de los hombres para su tormento.
Todas las cosas que hizo Dios son buenas, usadas a su tiempo; y el Señor entregó al mundo a las vanas disputas de los hombres; de suerte que ninguno de ellos puede entender perfectamente las obras que Dios creó desde el principio hasta el fin.
Y así que he conocido que lo mejor de todo es estar alegre, y hacer buenas obras mientras vivimos. Porque cualquier hombre que come y bebe, gozando del fruto de sus fatigas, de Dios recibe este don.
He visto que todas las cosas que ha creado Dios, duran perpetuamente; ni podemos añadir ni quitar nada de lo que Dios hizo para ser temido y adorado. Lo que fue hecho, eso mismo permanece; lo que ha de ser ya fue, porque Dios renueva lo que pasó.
He visto debajo del sol, o en este mundo, la impiedad en el lugar del juicio, y la iniquidad en el puesto de la justicia; y he dicho luego en mi corazón: Dios ha de juzgar algún día al justo y al impío; y entonces será el tiempo de ordenar todas las cosas.
Dije también en mi corazón acerca de los hijos de los hombres, que Dios los probaba y humillaba su orgullo, con hacer ver que son parecidos a las bestias.
Porque muere el hombre a semejanza de las bestias, y en tener que morir son ambos de igual condición; pues como el hombre muere, así mueren ellas; todos respiran de la misma manera; y el hombre, después del pecado, no tiene ninguna exención sobre las bestias; todo está sujeto a la vanidad del sepulcro, y todo va a parar a un mismo lugar; de la tierra fueron hechas todas estas cosas, y en tierra igualmente o polvo vuelven a parar. ¿Quién ha visto si el alma de los hijos de Adán sube hacia las alturas, y si el alma de los brutos cae hacia las profundidades?
Entiendo, pues, que no hay cosa mejor para el hombre que atender con alegría a sus ocupaciones, y que ésta es su suerte mientras vive. Porque ¿quién podrá ponerlo en estado de conocer lo que ha de acontecer después de sus días?


15. El profeta Daniel (12, 1-4)
Los que duermen despertarán para la vida eterna.
Y en aquel tiempo se levantará Miguel, príncipe grande, que es el defensor de los hijos de tu pueblo; porque vendrá un tiempo tal, cual nunca se ha visto desde que comenzaron a existir las naciones hasta aquel día. Y en aquel tiempo tu pueblo será salvado; lo será todo aquel que se hallare escrito en el libro. Y la muchedumbre de aquellos que duermen o descansan en el polvo de la tierra, despertará; unos para la vida eterna, y otros para la ignominia, la cual tendrán siempre delante de sí. Mas los que hubieren sido sabios brillarán como la luz del firmamento; y como estrellas por toda la eternidad aquellos que hubieren enseñado a muchos la justicia o la virtud.
Pero tú, ¡oh Daniel!, ten guardadas estas palabras, y sella el libro hasta el tiempo determinado, muchos lo recorrerán y sacarán de él mucha doctrina.


16. Evangelio según San Juan (2, 13-24)
Jesús purifica el Templo.
Estaba ya cerca la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén.
Y encontrando en el templo gentes que vendían bueyes, y ovejas, y palomas, y cambistas sentados en sus mesas, habiendo formado de cuerdas como un azote, los echó a todos del templo, con las ovejas y bueyes, y derramó por el suelo el dinero de los cambistas, derribando las mesas. Y hasta a los que vendían palomas, les dijo:
Quitad eso de aquí, y no queráis hacer de la casa de mi Padre una casa de tráfico.
Entonces se acordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa me tiene consumido.
Pero los judíos se dirigieron a él, y le preguntaron:
¿Qué señal nos das de tu autoridad para hacer estas cosas?
Les respondió Jesús
Destruid este templo, y yo en tres días lo reedificaré.
Los judíos le dijeron:
Cuarenta y seis años se han gastado en la reedificación de este templo, y tú lo has de levantar en tres días?
Mas él les hablaba del templo de su cuerpo. Así, cuando hubo resucitado de entre los muertos, sus discípulos hicieron memoria de que lo dijo por esto, y creyeron, con más viva fe, a la Escritura y a las palabras de Jesús.
En el tiempo, pues, que estuvo en Jerusalén con motivo de la fiesta de la Pascua, creyeron muchos en su nombre, viendo los milagros que hacía. Verdad es que Jesús no se fiaba de ello, porque los conocía bien a todos, y no necesitaba que nadie le diera testimonio acerca de hombre alguno, porque sabía él mismo lo que hay dentro de cada hombre.



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L a herejía bergogliana, se ha propuesto entre otras cosas, vaciar de contenido el catolicismo. De allí que los dogmas son ideas abstractas sin implicancia en la vida diaria, de allí que dicen que la doctrina nos lleva a posiciones rígidas, las cuales nos impiden aplicar la reformas que ellos presentan. Por supuesto, estas reformas son auténticos cambios doctrinarios. Este es el vacío de contenido de un catolicismo en franca decadencia, para que abrace, a lo “Bergoglio” las propuestas de este mundo y de este siglo. Por contrapartida, Nuestra Señora se propuso avivar todo el contenido católico, preservado sin mancha por la Tradición. A esto responde la insistente demanda del rezo del Credo. En esta línea leemos en el último mensaje: Quiero que les enseñen a aquellos que no saben rezar lo que es un Padrenuestro, …(115) En una ocasión mi confesor me impuso rezar una vez al día, el Pater Noster o Padrenuestro en forma meditada. Es el Pater Noster una oración que lleva a la me...

Fiesta del Sagrado Corazón

  E l viernes 24 de junio es la fiesta del Sagrado Corazón. Dice San Buenaventura: «Para que del costado de Jesucristo, dormido en la cruz, se formara la Iglesia, y se cumpliesen las palabras de la Escritura: “Reconocerán a quien traspasaron", dispuso Dios que uno de los soldados abriera con su lanza aquel pecho sacratísimo, de modo que, al brotar de allí sangre y agua, se derramara el precio de nuestra salvación; el cual, procediendo de lo más profundo del Corazón divino como de una fuente, diese a los sacramentos de la Iglesia la virtud de comunicar la vida de la gracia, y fuera para los que ya viven en Cristo el manantial de agua viva que salta hasta la vida eterna. Levántate, pues, oh alma amiga de Jesucristo; no dejes de estar alerta; aplica ahí tus labios para sorber las aguas de la fuente del Salvador.» (Libro del árbol de la vida, núm. 30.) «Tu costado fue abierto para franquearnos la entrada. Tu Corazón fue llagado para que pudiéramos morar en él al abrigo de l...