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Mensaje 115

Mensaje 115. Dado en Quilmes, el 8 de diciembre de 2016.

Así como miro a cada uno de ustedes y vivo en cada uno de ustedes, los que están presentes también, así miro al mundo entero; porque así lo instituyó Dios: cada uno con su trabajo, cada uno debe hacer lo que él nos manda en esta tierra.
Vi cada maravilla y cada destrucción, vi como castigaban y mataban a mi Hijo; pero solo mi fe me sacó adelante. No puedo permitir que cada día lo sigan matando, es por eso que como Madre me pongo en pie de guerra. Les he dado armas hace rato ya, para que las usen y es el momento.
Les he pedido que griten a los cuatro vientos, esto es verdad y ya las pruebas están.
Les he pedido que confíen en mí.
Me han enseñado a levantar la voz, porque quizás llegué a pensar que como murmuraban no me entendían.
Hoy tengo un tono más alto, quizás es mi enojo por aquel y aquellos que deben poner justicia en la Casa Divina de Dios, y no permitir ciertas cosas y otras pequeñas, porque con ellas empiezan, se lavan las manos como Poncio Pilatos y después nunca saben nada.
En este lugar, en una montaña, en otro pueblo, en otra ciudad, en otro país, en todos diré lo mismo.
Quiero que se respete a mi Hijo.
Quiero que la Santa Iglesia Católica, que es la Casa de Dios, sea el hogar de cada uno de ustedes.
Quiero que les enseñen a aquellos que no saben rezar lo que es un Padrenuestro ,y que les enseñen que el único Padre sobre la tierra es no solo el que les dio la vida, el Padre con mayúscula es Dios; y aquel que se quiera llamar de ahora en más, o que quiera que lo llamen padre, va a tener que ganar esa palabra, porque Padre en esta vida hay uno solo y ninguno de ustedes se atrevería a ensuciarlo como lo están haciendo; menos a un hijo.
Les doy mi palabra que nunca los dejaré, camino a sus lados. Caminé y lo seguiré haciendo porque amo a Dios, amo a mi Hijo sobre todas las cosas.
Vuelvan a los libros, a las viejas escrituras donde empezó la Historia, vayan al nacimiento: como un Ángel me dio la gran y buena noticia, como fui castigada y con qué felicidad recibí esos castigos, porque sabía que Dios jamás me iba a hacer probar de una vara que no sea la dulce.
Yo hoy aquí, ante ustedes estoy, ¿ustedes ante mí están?
...(se escuchan algunos balbuceos)...
Escucho un murmullo apenas...
¡Sí Madre! (Afirman los presentes.)
Hoy la Santa Iglesia dice celebrar en mí, la Inmaculada Concepción. Hoy era un día sagrado donde se homenajeaba a la Madre de Dios, a la Madre de Jesús; en cambio hoy hacen fiestas adentro de las Iglesias. Y si no se acuerdan de Jesús, ¿cómo se van a acordar de su Madre?
Pero ya en esta tierra, y en donde sea, les haré recordar uno por uno, que Dios eligió un Hijo, y que le dio su cuerpo y su sangre en la comunión y que ustedes de él comen y de él beben porque ese es el cuerpo.
Quiero Paz, Paz en las almas, Paz en los hogares, alegría en la vida.
El que quiere creer que crea, y el que no se la perdió.
Ante ustedes hoy les dejo la bendición de Dios Padre, Dios Hijo y Espíritu Santo, para que sea derramada entre ustedes y cada uno de su familia.




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